Año IV, número 7, noviembre 2009    

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Historietas a Diario

Historietas a Diario

La tira cómica bajo la lupa

 

Javier Hildebrandt

 

Sobre Martignone, Hernán y Mariano Prunes. Historietas a diario. Las tiras cómicas argentinas de Mafalda a nuestros días. Buenos Aires, Libraria Ediciones, 2008, 152 pp.

 

 

Cuadro de texto:  Casi desde los comienzos de la publicación de historietas en la Argentina, las tiras cómicas se granjearon una enorme popularidad entre el público. El suceso editorial que representaron, en los años ’30 y ’40, revistas como Patoruzú, Patoruzito o Rico Tipo, más la renovación que produjo la contratapa del diario Clarín a principios de los ’70, entre otros hitos, terminaron por instalar en el imaginario popular a muchos de sus personajes, representantes de tinta y papel de los anhelos, frustraciones y temores de la sociedad argentina frente a lo inabarcable de la realidad cotidiana.

 

Resulta curioso advertir, en vistas de esta larga tradición, que existan tan pocos estudios críticos sobre este fenómeno de notable repercusión. Una de las puntas para dilucidar el interrogante la podemos encontrar en el arraigado y ya a esta altura lugar común de la historieta como medio de expresión inferior en relación a la literatura o el cine. “La denominación adoptada, historieta, tiene la singularidad y el oscuro privilegio de inaugurar un concepto: la simpática desvalorización” señala Juan Sasturain en el editorial del segundo número de Fierro. “Historieta es a historia lo que camiseta a camisa y camioneta o motoneta a sus respectivas palabras madres. Esa terminación entre diminutiva y cariñosa, casi paternalista, hace de la historieta algo menor y no demasiado importante, cosa de pibes” (1984: 4). Sin embargo, como veremos más adelante, la tira cómica no alcanza a ser percibida por el lector promedio como una historieta propiamente dicha; es más bien una suerte de híbrido que conjuga la narración secuencial propia del cómic con la descarga instantánea de la viñeta de humor gráfico.

 

Estas y otras cuestiones son las que desgranan Hernán Martignone y Mariano Prunes en su libro Historietas a Diario, de reciente edición por la editorial Libraria. El ensayo lleva como subtítulo “Las tiras cómicas de Mafalda a nuestros días”, un recorte que nos habla, por un lado, de la desestimación de los autores de intentar un relevo o enfoque historiográfico sobre el tema y, por el otro, del segmento que se constituye como clave para analizar estructuras, temáticas comunes y estilos que configuran el mapa de este formato de lectura en nuestro país. De este período, Martignone y Prunes han elegido como objeto de análisis a ocho tiras: Mafalda, de Quino; Inodoro Pereyra, de Roberto Fontanarrosa; Clemente, de Caloi; Mocosos, Gaspar el Revolú y las tiras sin título de Rep; Mujeres Alteradas y Curvas Peligrosas, de Maitena; Gaturro, de Nik; Macanudo, de Liniers; y La Nelly, de Sergio Langer y Rubén Mira.

 

Para comprender en detalle algunos de los conceptos que se vuelcan en el libro, es menester hacer primero un breve repaso de la tira cómica en Argentina y en el mundo, para dar una idea de su presencia e importancia dentro del universo de la historieta y del mercado editorial en general.

 

En el principio...

 

Con la aparición de los primeros periódicos masivos en los EE.UU., a fines del siglo XIX, comienza una disputa entre los dueños de las publicaciones por ofrecer a sus lectores algo más en sus páginas que las meras noticias de actualidad. En una época en la que no existían otras formas de esparcimiento que no estuvieran centradas en la lectura o el teatro, los diarios se encomiendan a la tarea de seducir a sus posibles compradores con pasatiempos, notas de color y las primeras tiras cómicas, Yellow Kid, de Richard Foster Outcault, está considerada como la primera. De esta forma, surgen una gran cantidad de títulos de una cuidada elaboración y una calidad muchas veces no igualada por sus sucesores. Little Nemo in Slumberland, de Winsor McCay, Krazy Kat, de George Herriman; Mutt & Jeff, de Bud Fisher; Bringing Up Father, de George McManus son algunos de los muchos ejemplos de una época en la que la dedicación en el dibujo, la experimentación gráfica y la búsqueda de nuevas formas narrativas se vuelven una condición fundamental para acaparar la atención de los lectores. De esa época también proviene el formato clásico de la tira apaisada, más la página dominical a colores.

 

 

 

 

Con la expansión y aceleramiento de los tiempos de producción, las tiras cómicas van perdiendo paulatinamente su espectacularidad –desplazadas, además, por nuevos medios de entretenimiento e información que alejan al público de los diarios-, se reduce su tamaño y se vuelven cada vez más sintéticas. Este hecho, lejos de ser una desventaja, deriva en una transformación de la tira y en la aparición de nuevos paradigmas. El ejemplo más claro del cambio y el buen aprovechamiento de los recursos impuestos por el mercado editorial es Peanuts –bautizada en principio como Lil’ Folks- de Charles Schulz, publicada con enorme éxito durante más de cincuenta años. El dibujo que emplea Schulz es de una absoluta simplicidad, con pocas líneas, y ausencia de fondos y de perspectiva, en no más de cuatro cuadros por tira. Sin embargo, esta austeridad gráfica no se corresponde con lo argumental: Schulz entiende que el diario es una publicación que está al alcance de todo el grupo familiar, por lo que dota a sus argumentos y diálogos de una complejidad que admite muchas posibles lecturas, de modo que pueda resultar atractiva en cualquier nivel. Así se constituye un modelo que luego sería imitado con harta frecuencia, con mejores y peores resultados: un grupo de chicos que comenta distintas situaciones y problemáticas relacionadas a su entorno, con un trasfondo que lo liga a situaciones y problemáticas generales al contexto de la sociedad toda. Huelga decir que Quino se ha nutrido en gran medida de Peanuts para el universo de Mafalda, tira que, a su manera, ha sabido también revolucionar al medio en nuestro país.

 

Cuadro de texto:  En la actualidad, son contadas las tiras cómicas estadounidenses –país que lleva la delantera, y con mucho, en cuanto a nivel de producción- que gozan de un alto grado de popularidad dentro de su propio país (ni hablar del exterior, donde son prácticamente desconocidas). Dilbert, de Scott Adams, Mutts, de Patrick McDonnell, Doonesbury, de Garry Trudeau, The Boondocks, de Aaron McGruder, son algunos ejemplos. La estandarización y repetición de fórmulas establecidas, con el objeto de que el lector no se sorprenda con el hecho de “no entender el chiste”, han llevado a que las tiras pierdan gran parte de su vuelo creativo y no se tomen riesgos. Martignone y Prunes aportan una visión para entender este declive:

 

La comparación con otros ámbitos del entretenimiento masivo, como el cine, la televisión o la música pop, es particularmente reveladora. En todas estas áreas, la renovación es fundamental e incesante. Es efectivamente una necesidad industrial que todo pase de moda en seguida, para poder constantemente producir y vender algo nuevo y así mantener el engranaje del negocio del espectáculo (y su prensa) en movimiento perpetuo, gracias al formidable combustible de la publicidad. Dentro de este panorama, la tira cómica es una verdadera anomalía: debe ser uno de los poquísimos artículos de consumo masivo que carece de publicidad (nunca nadie oyó hablar de la campaña de lanzamiento de un nuevo personaje, por ejemplo), y no se le exige que sea siempre diferente, sino más bien que sea siempre igual (pp. 18-19).

 

La ecuación, entonces, es sencilla: si una tira cómica no se gana de entrada el favor del público, su propia cualidad de permanecer sin variables en su status quo hará que pase inadvertida para los lectores.

 

A continuación veremos cómo a pesar de tomar como principal referente a las tiras norteamericanas, las argentinas han sabido desarrollar temáticas y estilos absolutamente propios, y con una mayor libertad que la desplegada por aquellas.

 

La tira cómica en Argentina

 

 

Cuadro de texto:  Imaginar hoy en día una publicación de historietas que venda miles de ejemplares por semana parece un sueño cercano a lo quimérico. Sin embargo, eso es lo que logra la revista Patoruzú a partir de 1936 –luego de su aparición como tira en Crítica y La Razón en 1928, y en El Mundo en 1935-, con el agregado al año siguiente del célebre Libro de Oro, especial que se edita todos los fines de año. Fiel al discutido perfil ideológico de su creador, Dante Quinterno, según comentan Judith Gociol y Diego Rosemberg en La Historieta Argentina, Patoruzú estaba “pensada como una publicación para toda la familia, los límites morales e ideológicos quedan claros desde el principio: el sexo pertenece al ‘fuero privado’ de los personajes, los modelos de solidaridad aplicados por Patoruzú son los tradicionales (relaciones proteccionistas, donaciones y actos de caridad) y –según contó alguna vez el ex director de Patoruzú y Patoruzito, Mirco Repetto- la palabra divorcio estaba prohibida” (2000: 316). En 1945, se suma a la editorial de Quinterno la revista Patoruzito, otro verdadero “boom” de ventas, donde están presentes algunos de los nombres más grandes del humor gráfico y la historieta de nuestro país: Eduardo Ferro, Oscar Blotta, Roberto Battaglia, Raúl Roux, Alberto Breccia, entre otros.

 

El afianzamiento de las tiras cómicas en los diarios también se sitúa en este mismo contexto: Crítica, el diario de Natalio Botana, es el primero en publicar un suplemento de historieta en colores; luego, se sumarían con sus tiras La Prensa, El Mundo, Noticias Gráficas y La Razón. En este último aparecen los trabajos de Lino Palacio, creador de una tipología de personaje unidimensional, de una sola pieza, que hace furor en su tiempo. Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia, Ramona, la bruta e ingenua empleada doméstica, el piola Avivato, son algunos de sus personajes. El humor en estas tiras se basa en la repetición de la característica fundamental del personaje dentro de distintas situaciones. “Transparentes, exhiben un único y ensamblado rasgo de personalidad” señalan Gociol y Rosemberg. “O son amarretes, o son fallutos, o son demasiado vivos. Son o no son, porque fuera de esa característica física o moral carecen de existencia. Y así se presentan: de cuerpo entero” (2000: 30). Estos rasgos serán los que reproduzca Guillermo Divito para sus tiras en la también exitosísima Rico Tipo, aunque con un sesgo más alejado de la candidez, y el tono familiar de los trabajos de Palacio o Quinterno. Entre sus criaturas se cuentan a Fallutelli, Pochita Morfoni, Fúlmine y El Otro Yo del Dr. Merengue, entre otras.

 

Cuadro de texto:  
Inodoro Pereyra
El punto de inflexión hacia la tira cómica moderna lo marca la creación de Mafalda en la década del sesenta, una época signada por la decadencia de las publicaciones de humor gráfico y el paulatino descenso de material argentino en los diarios, en contraposición a los primeros acercamientos teóricos al lenguaje historietístico. Tomando como base, como mencionábamos, al Peanuts de Schulz, “Mafalda es un nuevo punto de partida, un icono de su tiempo y, además, una tira crítica y provocadora” escriben Martignone y Prunes. “Estas son ya características centrales de la historieta moderna, que surge a partir de los años sesenta en el pasaje de producto de entretenimiento masivo a forma de expresión personal y artística. La influencia de Mafalda en la tira cómica es incalculable. El éxito de los personajes y su total inmersión dentro de la cultura argentina han hecho que, naturalmente, los diarios prefieran tiras con elementos similares: la vida en familia, muchos personajes que representan distintos arquetipos psicológicos y sociales, niños o animales que piensan como adultos, etc.” (pp. 42-43).

 

La siguiente renovación, que termina por configurar el modelo de la tira cómica argentina actual es la aparición, en 1973, de la página de humor de Clarín (primero en la retiración de contratapa y, al poco tiempo, en su hoy clásico lugar de la contratapa). La incorporación de autores como Fontanarrosa, Caloi, Crist, Bróccoli, entre otros, y el definitivo desplazamiento del material extranjero traen consigo una auténtica renovación de los contenidos. Los chistes de salón clásicos de las tiras norteamericanas dejan lugar a un humor mucho más arraigado en la actualidad, y crean con el lector un código en el que este último necesita de una cierta información –esa que puede encontrar en el interior del diario- para entender el discurso del autor. Como anotan Martignone y Prunes en Historietas… “la página de chistes se vuelve una manera tangencial de ingresar al diario o, si se quiere, a las noticias del diario”. O, lo que es lo mismo, empezar a leer el diario de atrás para adelante.

 

La página de los chistes

 

Cuadro de texto:  
Nelly
De esta manera, llegamos a la actualidad de la tira diaria argentina, conformada hoy en día por un corpus heterogéneo, que comparte referencias, estructuras y temáticas comunes pero que, a diferencia de los rígidos cánones estadounidenses, permite a sus autores moverse con mayor libertad entre sus esquemas. Así, se prosigue con una tradición que, a excepción de los EE.UU., no tiene comparación con ningún otro país. “Por raro que parezca, son pocos los países que tienen tiras cómicas autóctonas; y de estas, poquísimas son las tiras que han podido trascender más allá de su distribución interna, como Mafalda o Mujeres alteradas. Lo que queremos subrayar aquí es que esa última página de Clarín o del suplemento de espectáculos de La Nación, conformada por cinco o seis tiras cómicas de dibujantes argentinos, que nos parece lo más natural del mundo desde hace más de treinta años, es en realidad algo bastante inusual (por lo menos en los países occidentales)” apuntan los autores de Historietas

 

Martignone y Prunes dividen a su objeto de análisis en dos grupos: por un lado las tiras consideradas como “fundadoras de tendencia”, que terminan por delinear el actual paradigma (aquí se cuentan a Mafalda, Inodoro Pereyra, Clemente y los trabajos de Rep en Página/12), y por otro, las que redefinen algunos de los aspectos temáticos y estilísticos planteados por aquellas, y aportan nuevas miradas (Mujeres Alteradas y Curvas Peligrosas, Gaturro, Macanudo y La Nelly). Los autores encaran el estudio desde el formato, estructura, temática y estilo de cada obra, y es interesante observar lo variado que resulta el panorama, que abarca la parodia y los juegos de palabras (Inodoro Pereyra), la reflexión sobre el propio lenguaje historietístico, devenida en reflexión sobre la actualidad cotidiana (Clemente), el modelo más cercano al estándar norteamericano (Gaturro), la tira como libre espacio para la reflexión del autor (Rep y Macanudo), la historieta sin personaje fijo pero atravesada por un mismo hilo conductor (Mujeres Alteradas y Curvas Peligrosas) y la aparición del grotesco y la experimentación gráfica dentro de los límites propios de la tira (La Nelly). El espectro es, sin dudas, amplio y rico en matices, hecho que los autores saben aprovechar para sacar a la luz sus reflexiones sobre el medio.

 

Cuadro de texto:  
Mafalda
Por último, otro aspecto sobresaliente del libro –que se aprecia desde el propio título- es la relación que establece entre los conceptos de tira cómica (o “los chistes del diario”) e historieta. “Como por arte de magia” analizan los autores “la historieta en el diario deja sus connotaciones negativas. Es muy fácil advertir esta doble percepción. Frases como ‘yo no leo historietas’, ‘son para niños’, ‘no son libros de verdad’, ‘son solo para varones’, etcétera, son prácticamente lugares comunes universales desde la aparición de las revistas de historietas. Sin embargo, buena parte de ese multitudinario público que no lee historietas no se pierde nunca de leer, disfrutar y comentar los chistes del diario y conoce perfectamente a cada uno de los personajes, en los que a menudo se reconoce o con los que se identifica. Leer tiras cómicas es también leer historietas, por más que muchos adultos sean reacios a admitirlo abiertamente”.

 

Basten estas líneas, entonces, como muestra del valioso material de análisis y crítica que ofrecen las tiras cómicas en nuestro país. Historietas a Diario es un excelente acercamiento, tanto para el estudioso como para el lector común, a este fantástico mundo de personajes dibujados. Un mundo que, literalmente, se renueva todos los días.

 

 

Bibliografía

 

Accorsi, Andrés, 2005. “Little Nemo in Slumberland” en Comiqueando Anuario 2005.

De Santis, Pablo, 1998. La historieta en la edad de la razón. Buenos Aires, Paidós.

Gociol, Judith y Diego Rosemberg, 2000. La historieta argentina. Una historia. Buenos Aires, Ediciones de la Flor.

Hildebrandt, Javier, 2008. “Antes y Después: La Contratapa de Clarín” en Comiqueando extra nº6. Enero-febrero.

Sasturain, Juan, 1984. “Editorial”, en Fierro nº2, octubre.

 

Javier Hildebrandt
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