Año IV, número 7, noviembre 2009    

Portada
Editorial
Indice

Colaboradores
Enlaces
Envío de colaboraciones
Contacto

Nº anteriores:

  



PÁGINA ANTERIOR
Versión imprimible
Partiendo del cine militante como un momento en el que el arte español se iguala al europeo, explicar ejemplos de ello con las

ESPAÑA YA ERA EUROPA

El papel de España en Europa durante los ‘70

a través del cine militante

 

Alberto Berzosa Camacho

Universidad Autónoma de Madrid

 

 

 

En las siguientes páginas nos referiremos al cine militante que se realiza durante la década de los ‘70 en España. Intentaremos hacer una relectura del papel que este cine tuvo en relación con la producción militante europea para ver cómo en España, a pesar de estar trabajando bajo la losa de una dictadura, sí existía una producción cinematográfica acorde con este movimiento de cine testimonial que se desencadena renovado a partir de Mayo del ‘68. Gracias a la práctica militante, los realizadores de este país y los extranjeros recorrieron un mismo camino, persiguiendo los mismos objetivos, pero ninguno de ellos ha creado completamente el camino ni la forma de recorrerlo.

 

Para intentar probar esto, vamos a partir del hecho de que existe un corpus teórico que se venía creando desde los años ‘50, pero que alcanza su punto álgido en el año ‘68; sus rasgos afectarán a toda Europa, aunque dependiendo de las zonas se desarrollarán más unos u otros. Los puntos más destacados de este corpus los podemos ver bien esquematizados en La estética en las barricadas de Badenes Salazar (2006) y en el más reciente 68 Une histoire collective [1962-1981] (2008) bajo la dirección de Artières y Zancarini-Fournier. Este corpus se va a reflejar en el cine militante, que sacará de él sus argumentos. De acuerdo con esto y observando la producción de los distintos países en obras sintetizadoras como Cinémas d'avant-garde (1980, o Le cinéma militant reprend le travail (2004), podremos ver los temas tratados de forma más recurrente (a los que haré referencia más adelante). En general, podemos decir que en Francia se tratan todos los puntos más importantes (como las luchas obreras o las protestas estudiantiles), pero que en Alemania o Italia surgen nuevos directores que tratan otros, como el tema de la homosexualidad de un modo mas insistente del lado alemán (Syberberg, Fassbinder o Praunheim; Schneider, 1984) y del italianao (el colectivo ‘Fuori’; Hennebelle–Bassan, 1980: 158). A partir de la observación de los campos temáticos más importantes desarrollados por el cine militante en Europa desde finales de los años ‘60, trabajaremos directamente con los documentales hechos en España, analizando los ejemplos en que se evidencie que la preocupación temática los vincula directamente con su entorno ideológico.

 

El nuevo cine militante comienza a realizarse en Francia por una urgente necesidad, consecuencia de una situación política. Allí destacan colectivos como “Atelier de Recherche Cinématographique et audiovisuelle” (ARC), “Groupe Dziga Vertov”, los “Groupes Medvedkine” o “UNICITÉ”. Sin embargo, hay que remarcar que los realizadores sesentayochistas franceses no inventan este tipo de cine (1), simplemente su producción fue tan vasta y renovadora, que funcionó como caja de resonancia para que temas como el antimilitarismo, antiimperialismo, derechos de los homosexuales, de la mujer, o el ecologismo comenzaran a surgir cada vez con más fuerza en toda Europa.

 

Cuadro de texto:  
Groupe Dziga Vertov, fotograma de Pravda, 1970                                                
    Cuadro de texto:  
Groupes Medvedkine, fotograma de
Week-end à Sochaux, 1971

 

A pesar de la diferencia política del momento, el espíritu homogéneo que sacudió todo el continente alcanzó también a España debido al carácter internacional de las condiciones que lo configuraron. Si nos centramos en el mundo cultural de la época desde una perspectiva general, veremos que hay datos que nos permiten comprobarlo, como por ejemplo el hecho de que durante la década de los ‘60 empezasen a ver la luz cada vez más publicaciones y traducciones de textos marxistas o marxianos (2) en España (Gracia, 2006; y Bozal, 1992: 432-433), o que por parte de los partidos políticos o de personas individuales de fuera del país, se ejerciera gran influencia en el interior, dando a conocer nuevas corrientes de pensamiento, como las propuestas por Althusser, Krivine o Mao (Laiz, 1995) –las cuales van a suponer la aparición de grupos clandestinos escindidos de partidos o sindicatos mayoritarios (3). También son signos destacables las luchas estudiantiles y de trabajadores, que ya existían en España, pero que a partir de entonces cobran una mayor importancia (Shirley, 1987: 199). En cierta prensa española del momento, como Triunfo, Cuadernos para el dialogo o Madrid, se empezaba a hablar de estas protestas de una manera distinta de la que hasta entonces se había hecho. Esto ocurrió debido a que los periodistas se empezaron a dar cuenta de que la rebeldía estudiantil y obrera de otros países se estaba manifestando también en España (Shirley, 1987: 213). De este movimiento de estudiantes y obreros cabe destacar dos núcleos por encima del resto: Barcelona con el “bienio radical” ‘69-’71 (4), y Madrid con las sucesivas huelgas y ocupaciones de locales, como vemos en el libro de Shirley (1987) y también podemos comprobar en el documental de Helena Lumbreras, Espagna 68 (1968).

 

Por otra parte, el terreno propiamente cinematográfico fue también sensible a su entorno internacional, al que se tuvo cada vez un mayor acceso según iba avanzando la década del ‘70. Fue entonces cuando los realizadores españoles comenzaron a viajar para ampliar su formación y conocer las películas que en España estaban prohibidas. Además, gracias al evidente y progresivo crecimiento de la capacidad de movilidad, fue más fácil la asistencia a los numerosos festivales que se realizaban en el extranjero y a los que comenzaban a organizarse en el interior (Marti-Rom-García Ferrer, 2001; y Soler, 2002). De entre estos festivales cabe destacar “La semana del cine de autor” de Benalmádena, donde se exhibieron películas de cineastas militantes franceses como Chris Marker (solo o con el grupo SLON) o Louis Malle (Diamante, 2007: 62, 82); y el festival “Confrontation” de Perpignan, que era frecuentado por realizadores y especialistas españoles y que supuso un lugar ideal para estrechar contactos entre ellos (5).

 

Será a partir de los años ‘70 cuando España se inscriba en la corriente de renovación del cine documental que se estaba desarrollando en el extranjero y, por vez primera bajo el franquismo, se producirá un cine de vanguardia política –en el sentido de que se desarrolla de forma paralela a procesos de cambio sociales (Hennebelle, 1980: 5-6)–, acorde y sincrónico con el que se hacía en Europa (Bruno Muel en Francia, Ugo Gregoretti en Italia o Rosa von Praunheim en Alemania) (6). Gracias a su producción de cine militante, los realizadores españoles consiguieron dar, siempre a un nivel marginal y reducido a ámbitos cinematográficos muy concretos, una imagen renovadora del país. Esto lo lograron al realizar un cine sustentado sobre una ideología contraria al Régimen y que por eso mismo era más cercana al entorno democrático; así se demostró que el primer paso para integrarse en un movimiento cinematográfico a nivel internacional era la oposición absoluta (teoría y práctica) al sistema franquista. Esto puede considerarse un triunfo de la oposición cinematográfica radical, ya que el mismo objetivo (dar una imagen renovada del cine español en el extranjero) había sido perseguido, aunque de forma distinta, durante la década anterior por el gobierno (7).

 

A pesar de esta integración en el panorama internacional, debemos observar unas particularidades dentro del caso español que vienen dadas por el hecho de realizarse bajo la dictadura, pero que lejos de diferenciarlo del cine militante europeo, de algún modo facilita el acercamiento. Nos referimos, concretamente, a dos particularidades: la primera es que los cineastas españoles denuncian desde su territorio aquello con lo que otros se solidarizan desde fuera. Es decir que, dada la situación política de España, cuando los realizadores salen a filmar, encuentran y denuncian situaciones creadas por una realidad que en otros países no se dan, y a las que se adhieren de forma externa. Y, la segunda es la ejemplaridad, que consiste en que cuando se realiza un film sobre un hecho de carácter más particular y de única incumbencia (aparente) al ámbito nacional español, en realidad se está tomando un caso concreto que sirve para ejemplificar los problemas que en otros países se denuncian de forma más general.

 

Un caso representativo, en el que vamos a ver estas dos particularidades, es El Altoparlante, de Llorenç Soler (1970). Se trata de un corto de 20 min. rodado en 16 mm, en el que a partir del montaje de imágenes de obreros trabajando en un barrio suburbial de Barcelona, y la alternancia de discursos de Franco como única banda sonora, lo que el autor pretende es dar una base al espectador para que, con los mínimos medios, pueda hacer su propia lectura de la situación de los trabajadores en España. Con el ambiente casi surrealista de la película (Soler, 2002: 48), el espectador comprobará por sí mismo lo lejos que los discursos franquistas están de la realidad diaria de los trabajadores (Romaguera–Soler, 2006: 395). La primera particularidad de la que hemos hablado queda reflejada en el filme porque los obreros y los continuos discursos de Franco guiando el día a día del pueblo, forman parte de la realidad social que vive el realizador. A partir de estos dos elementos podrá elaborar un discurso que hable sobre tal grado de represión, que realizadores de países democráticos no podían encontrar en su propio territorio, y tenían que buscar su denuncia siempre fuera de sus fronteras. Por otro lado, en la película también se nos hace evidente la segunda particularidad, ya que la especificidad que supone el discurso franquista en el documental como un elemento que oprime y coarta al mundo obrero en España, debemos entenderla como un ejemplo concreto de las reivindicaciones que, a nivel más general, se hacen en las otras cinematografías militantes, como el antifascismo y la oposición a las políticas de neutralización del movimiento obrero.

 

Pero pasemos ya a ver unos ejemplos que nos den, de la forma más clara, la evidencia de la sintonía existente entre el cine militante español y las corrientes europeas. Según las agrupaciones temáticas de filmes que podemos ver en las dos obras ya citadas (Hennebelle, 2004; y Hennebelle–Bassan, 1980) y lo que hemos podido observar trabajando con los mismos documentales (8), podemos concluir que los argumentos más repetidos son: contra-información, solidaridad con los modelos antiimperialistas, antibelicismo, denuncia de la situación de las minorías y la reivindicación de sus derechos, y ecologismo. Es importante remarcar que muchos de estos temas se van desarrollando con el tiempo, a lo largo de la década, y veremos el resultado.

 

Con el poder que habían alcanzado los grandes medios de comunicación en todo el mundo, se empezaba a tomar conciencia del peligro que suponía la configuración de un único punto de vista desde el cual se transmitieran las noticias y desde el cual se decidiese cuáles eran importantes y cuáles no. En España se daba este problema, ya que al tradicional NO-DO habrá que sumarle la existencia de los telediarios de Televisión Española (TVE) que insistían en el punto de vista oficial. Ante esta situación, los cineastas militantes decidirán actuar ellos mismos filmando los eventos de los que los medios estatales no se hacen eco, como huelgas, manifestaciones u ocupaciones. El primer ejemplo del que vamos a hablar pertenece a este ámbito de la contrainformación.

 

La montaña es un cortometraje rodado en Barcelona por el colectivo Comisión de Cine de Barcelona. Este grupo fue fundado en 1970. Sus miembros trabajaban para llevar a cabo una actividad cinematográfica militante, pero al margen de ella cada uno tenía sus propias inquietudes profesionales. Entre los que desde el comienzo fueron más activos, se destacan: Manuel Esteban, Pere Fages, Román Gubern, Gustau Hernández, y Pere Portabella. La Comisión filmaba en 16 mm, operaba bajo la influencia del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), pero era un colectivo abierto y no excluyente en el que cabían todas las sensibilidades (Gubern, 1997: 274). En diciembre de 1970, un grupo de intelectuales catalanes se encerró en el Monasterio de monjes capuchinos de Montserrat, en lo que popularmente se conoce como la “Tancada”, para protestar por las penas de muerte dictadas contra miembros de ETA. Un integrante de este colectivo, Manuel Esteban, junto con Pere Domènech filmó cinco horas de película durante este encierro, y de este material saldría la película La Montaña (o Montserrat), de 10 minutos de duración y que serviría para testimoniar lo allí acontecido (Riambau y Torreiro, 1999: 144). Por medio de esta cinta, pudo darse publicidad a este acto también fuera de España, lo cual resultó ser todo un golpe de efecto, ya que en Montserrat se reunieron las personalidades más importantes del mundo intelectual catalán, empezando por los miembros de la Escuela de Barcelona. La película llegó a Francia gracias a la ayuda prestada por el Comité de información y solidaridad con España (CISE) (Hennebelle, 1976: 214) que dirigía Marcos Ana y que hizo la distribución. El CISE era una organización que dependía del Partido Comunista de España, que a su vez mantenía una línea de colaboración con su homólogo francés (PCF). Los comunistas franceses disponían de un colectivo de cine militante llamado UNICITÉ, que ayudó también a difundir películas que llegaban de España (9); y fue en sus fondos donde recaló finalmente La Montaña (10).

 

Otro tema reiterado en la escena militante internacional del cual encontraremos muestras también en España, serán las luchas antiimperialistas de los países del Tercer Mundo, siendo de especial actualidad en aquellos años los casos de Vietnam y Chile. La búsqueda por parte del pueblo chileno de su propio camino al socialismo y el final de la historia como ya lo conocemos, fue un tema tratado por realizadores franceses como Bruno Muel, a la cabeza de los Groupes Medvedkine Sochaux (Septembre chiliene, 1973) y Chris Marker (L’Ambassade, 1973); y también, por el catalán Llorenç Soler, quien en 1975 realizará su corto La cantata de Santa María de Iquique, de 18 min. de duración y rodado en 16 mm.

 

Este filme se compone de imágenes fotográficas en las que, por medio de un montaje paralelo se recuerda la matanza de Santa María de Iquique y se la pone en relación con los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973 (Ledo Andión, 2005: 181). El hecho histórico de la matanza acaeció en la ciudad chilena de mismo nombre en 1907, cuando las fuerzas del gobierno de Pedro Montt asesinaron a los trabajadores en huelga que se encontraban refugiados en la escuela de Santa María. La relación entre este hecho y los sucesos del ’73 se hace evidente, ya que mientras suena la canción de Quilapayum narrando los acontecimientos de 1907, Soler nos presenta imágenes del general Pinochet y de Salvador Allende en el Palacio La Moneda. En esta película se está tomando posición ante una política imperialista que quiso evitar el desarrollo del socialismo en Chile, para lo cual se asoció a los militares golpistas, pero al realizar la unión entre los dos sucesos se quiere remarcar que la caída del gobierno de Allende supone otro golpe al mundo obrero, tal y como lo fue la matanza de Iquique. De este mismo año, coincidente con la muerte de Franco, data un filme antibelicista centrado en la Guerra de Vietnam. Se trata de Carn crua de Joan Martí i Valls, un corto de 12 min. de duración y rodado en 16 mm, que se construye a partir del montaje de material de archivo de imágenes de varias guerras, disparos y palizas, para trasmitirnos claramente un mensaje antibélico.

 

Cuadro de texto:  
Llorenç Soler, fotograma de Cantata de
 Santa María de Iquique, 1975
         Cuadro de texto:  
Joan Martí i Valls, fotograma de Carn Crua, 1975

 

Sin embargo, a partir de Mayo del ‘68 cambiará la forma de entender la militancia. Surgirán nuevas maneras de compromiso político que tendrán que ver con la reivindicación de los derechos de las minorías, el ecologismo o las relaciones sexuales fuera de los esquemas tradicionales, los que también se reflejarán en el cine militante. Estas preocupaciones y estos cambios que configuran la nueva tendencia del cine militante también se dejan ver en España. Un ejemplo sorprendente por su prontitud, pues fue realizado en 1970, es el de Una senzilla història d’amor de Llagostera i Coll, cortometraje en 16 mm de 10 min. en el que vemos a dos homosexuales paseando por un parque (11) en una época en la que en el Estado Español existía una ley que los consideraba delincuentes (el 15 de julio de 1954 se modifica la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, y se les incluye junto a los mendigos, rufianes, proxenetas...). Más tarde, en 1976, encontramos una denuncia de la situación de la mujer: La Dona. Este documental pertenece a la Cooperativa de Cine Alternativo (CCA), que lo realiza como segunda entrega de una serie de tres Noticiaris (telediarios alternativos en catalán), y que habla sobre el primer mitin feminista, que tuvo lugar en Barcelona el 4 de diciembre de 1976. Tanto el tema como el modo de tratarlo es muy acorde a los nuevos modos de concebir el mundo, ya que en el año ‘76 estaban reivindicando la educación del niño y la niña desde la infancia, para evitar la discriminación y conseguir la igualdad. Si bien Franco ya había muerto, la censura existía aún, y el tratamiento de un tema como éste seguía siendo reivindicativo y se seguía inscribiendo dentro del cine militante clandestino que había surgido al comienzo de la década.

 

Cuadro de texto:  
Cooperativa de Cine Alternativo, fotograma de 
La Dona, 1976
El último ejemplo que queremos remarcar es más tardío, y será el mejor modo de ver cómo Mayo del ‘68 no termina en ese mes, ni siquiera en ese año, sino que sus efectos se extienden a lo largo de la década de los ‘70, tomando fuerza con el tiempo en algunos casos, como pasa con el ecologismo y la preocupación por el medio ambiente. Se trata de Les Energies, realizado por la Cooperativa de Cine Alternativo en el año 1979/80, de aproximadamente 20 min. El tema que abordan es el de las energías renovables, y lo harán realizando una lectura marxista de la historia de las energías y su explotación por parte de las clases dominantes. Se introducen entrevistas a profesionales y especialistas para explicar cómo se desarrollará en el futuro la energía en España y, a base de gráficos, se acentúa el carácter docente. En 1979 el realizador danés Per Mannstaedt termina su documental El poder de las centrales nucleares sobre las posibilidades y peligros de la energía nuclear. Así, nos damos cuenta de que a finales de los años ‘70 España no había perdido la senda de la vanguardia militante, a la que se había subido a comienzos de esa década. Para que en España pudiera realizarse un film como Les Energies, fue necesario todo el recorrido anterior, ya que el hecho de tratar el tema del ecologismo a finales de la década responde a una evolución natural dentro del cine reivindicativo surgido de Mayo del ‘68. Es por eso que, a pesar de que ya había cambiado la situación política en España, no podemos dejar de considerar este film dentro del conjunto de películas opuestas al sistema y con profundas señas del clima internacional.

 

Cuadro de texto:  
Cooperativa de Cine Alternativo, fotograma de 
Les Energies, 1979/80
Con esta serie de casos, podemos concluir diciendo que, gracias a su cine militante, España se inscribe dentro del movimiento que renace de una forma contundente con Mayo del ‘68 y que sacude a todo el mundo. De este modo, y aunque en un plano no oficial, aleja esa imagen de país aislado del resto debido a su situación política. Decimos “de forma no oficial” por doble motivo: primero, porque al gobierno de España no le interesaba promocionar un cine de contrainformación, que hablaba de los temas que él ocultaba y contra los que luchaba en contra directamente. Y segundo, porque a los gobiernos extranjeros tampoco les interesaba dar publicidad al hecho de que en España se hiciese un cine como se podía hacer en sus democracias, ya que daba una imagen internacional y no la imagen de exportación (Martinez–Vasseur, 2003: 142), que consistía en la representación de un país cerrado, acosado por sus fantasmas interiores (las dos Españas, la lucha fraternal, Iglesia, caudillismo...) y era esperada luego de cuarenta años de dictadura.

 

Notas

 

1. Tendrán como referente el compromiso político de la década de los años ‘30 representado por la obra del Frente Popular y al mismo tiempo el cine documental como elemento de testimonio directo, utilizado durante la Guerra Civil de España por autores como J. Ivens (Tierra de España, 1937), H. Cartier-Bresson (Victoire de la vie, 1937), o R. Karmen (España, 1939). Volver

 

2. Entre las primeras encontramos: Montesquieu: la política y la historia, de Althusser, publicado en 1968 por Ariel, Barcelona; o como Revolución en España y Teoría económica, ambos de Karl Marx (el primero junto a Friedrich Engels, publicados en 1960 (Ariel) y en 1967 (Peninsula); mientras que entre las segundas destaca la Crítica del gusto de Galvano della Volpe, traducido por Manuel Sacristán en 1966. Volver

 

3. Información obtenida de correspondencia con Luis Roca Jusmet, 22-11-2007. Volver

 

4. José Ribas lo llama así en su libro de memorias Los 70 a destajo, Editado por RBA, en Barcelona, 2007. Volver

 

5. Información obtenida de conversaciones con Josep Miquel Martí-Rom, 18-3-08. Volver

 

6. Con películas como Avec la sang des autres (1974), Apollon, una fabbrica occupata (1967) y Nicht der Homosexuelle ist pervers, sondern die Situation, in der er lebt, respectivamente. Volver

 

7. Lo habían intentado promoviendo un cine más cercano a la línea de modelos extranjeros ya consolidados, como el caso del Neorrealismo practicado por la Escuela Oficial de Cinematografía. Volver

 

8. En alguna de las selecciones que acabamos de citar, los documentales se encuadran dentro de una temática concreta, pero cuando los vemos luego, nos damos cuenta de que no hay una sola idea en él, sino que se tocan varios puntos al mismo tiempo. Podemos ver un claro ejemplo en Classe de lutte de los “Groupes Medvedkine”. Allí, además de tratarse la idea principal del sindicalismo y la lucha de clases (apartado en el que se incluye en las listas), vemos que también está presente la temática de la mujer trabajadora. Volver

 

9. Información obtenida de conversaciones con Pere Fages, 20-3-2008. Volver

 

10. Según la lista de las películas existentes en los fondos de UNICITÉ, que se adjunta a una nota informativa de este mismo colectivo sobre los archivos relativos a España. Esta nota está firmada por Claude Thiebaut y Bridgitte Dornes y data del 28 de septiembre de 1978. Volver

 

11. Es difícil aportar más información sobre este documental, ya que no se encuentra disponible, como lo demuestra el hecho de no estar incluido en Cataleg de films disponibles parlats o retolats en catalá 1982-1987, de Joaquin Romaguera. Volver

 

Bibliografía

 

Artières, Philippe–Michelle Zancarini-Fournier, 2008. 68 Une histoire collective [1962-1981]. Paris, La Découverte.

Bozal, Valeriano, 1992. “Pintura y escultura españolas del siglo XX (1939 – 1990)”, Vol. XXXVII Summa Artist. Madrid, Espasa Calpe.

Diamante, Julio, 2007. Cine, cultura, libertad: contra las sombras y el silencio. Córdoba, Junta de Andalucía–Consejería de de cultura.

Gubern, Román, 1997. Viaje de ida. Barcelona, Anagrama.

Gracia, Jordi, 2006. Estado y cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, 1940 – 1962.Barcelona, Anagrama.

Hennebelle, Guy, 1976. Le cinema militant. París, Filmédition.

Hennebelle, Guy – Raphaël Bassan, 1980. “Ciémas d’avant-garde (Espérimental et militant)”, en CinémAction Nº 10-11.

Laiz, Consuelo, 1995. La lucha final. Los partidos de la izquierda radical durante la transición española. Madrid, Los libros de la Catarda.

Ledo Andino, Margarita, 2005. Cine de fotógrafos. Barcelona, Gustavo Gili.

Martinez-Vasseur, Pilar, 2003. La Imagen de España y Francia en los medios de comunicación., Cáceres, Universidad de Extremadura.

Marti Rom-J.M. García Ferrer, 2001. Joaquín Jordá. Barcelona, Associació d’enginyers industrials de Catalunya.

Riambau, Esteve-Casimiro Torreiro, 1999. La Escuela de Barcelon: el cine de la “gauche divine”. Barcelona, Anagrama.

Romaguera, Joaquín–Llorenç Soler, 2006. Historia crítica y documentada del cine independiente en España: 1955-1975. Barcelona, Laertes.

Romaguera, Joaquín, 1983. Cataleg de films disponibles parlats o retolats en catalá 1982-1987. Barcelona,Generalitat de Catalunya. Departament de Cultura,1983.

Schneider, Roland, 1984. “Le cinéma allemand” en CinémAction Nº 89.

Shirtley, Magnini, 1987. Rojos y rebeldes. La cultura de la disidencia durante el franquismo. Barcelona, Anthropos.

Soler, Llorenç, 2002. Los hilos secretos de mis documentales. Barcelona, CIMS.

 

Sitios web recomendados

 

Martí-Rom/ Cooperativa Cine Alternativo: http://martirom.nexica.net/index.htm

Llorenç Soler: http://www.lorenzosoler.com

Román Gubern: http://www.romangubern.com

Pere Portabella: http://www.pereportabella.com

Archivio audiovisivo del movimento operario e democratico: http://www.aamod.it 

Ubuweb: http://www.ubu.com/film/index.html

Federeació Catalana de Cineclubs: http://www.federaciocatalanacineclubs.net 

 

 

Alberto Berzosa Camacho
PÁGINA ANTERIOR
Publicación SEMESTRAL

Nº de registro de propiedad
intelectual: 523964

Nº de ISSN 1850-6267
Propietario: Lorena Verzero - Yanina Andrea Leonardi
Teodoro García 3601 2º H
Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1427)
Tel.: (+54-11) 4552-8239