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Año V | Número 8 | Mayo 2010
 
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Un Testigo privilegiado, una escritura con sangre

 
 
Resumen:

Anarquismo. Represión. Un hombre reclama al mundo justicia: Severino Di Giovanni. La disyuntiva ética de ver y narrar lo que se ve en un hombre enfrentado a su destino de escritor: Roberto Arlt. Un actor narrando el conflicto ético debajo de la piel de ese hombre: Gabriel Fernández. El mito, el escritor y el actor son el triángulo de un conflicto que no cesa.


 
 

El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, da cuenta de una verdad que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. Por cierto, que sólo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado. Lo cual quiere decir: sólo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos. Cada uno de los instantes vividos se convierte en una citation à l’ordre du tour, pero precisamente del día final.

 Walter Benjamín (1940)

 

La textualidad dramática de Julio Molina pertenece a un proyecto (1) dirigido por Luis Cano, que incluía los trabajos de un grupo de autores de la nueva generación porteña, que construyen sus materiales a partir de textos clásicos de la literatura argentina. La historia como una espiral reitera marcas, circunstancias y sus protagonistas a veces parecen tomar las huellas de sus antecesores para recorrer sobre ellas caminos que parecen cruzarse en sus variables temporales. Molina reconstruye a partir de una aguafuerte (2) escrita por Roberto Arlt para el diario El Mundo, en 1931, el conflicto ético de un periodista que siendo testigo de una muerte “anunciada” que no puede evitar y con la que no está de acuerdo, junto a otros compañeros de ruta, describe los momentos previos al fusilamiento del conocido anarquista Severino Di Giovanni. En el espacio escénico que reproduce la habitación, donde en soledad se desarrolla el conflicto ético del personaje, el actor Gabriel Fernández descubre desde el cuerpo y la palabra la fibra íntima de un desgarramiento que es producido por la sensación de injusticia que le produce el hecho que acaba de presenciar. Con movimientos que le permiten abarcar el espacio, transitarlo para llenarlo con la obsesión de un recuerdo, desde la expresividad segura de su trabajo, recrea por momentos con increíble fidelidad, la figura ya legendaria del periodista que registra con sus propios ojos el fusilamiento del ácrata. Severino Di Giovanni, Roberto Arlt; el luchador anarquista, y el escritor anárquico que lucha por imponerse en un campo intelectual profesional, que siente como un ring de pelea y al que sabe que va a vencer por “prepotencia de trabajo”.

Las personalidades desbordantes de Arlt y Di Giovanni atraviesan en el cuerpo de Fernández el espacio escenográfico desde la facultad de una mirada que desde la profundidad de su ahogo, interroga al espectador y le pide una respuesta. Así el sonido ronco y perturbador de un viejo ventilador de mesa nos sumerge en un tiempo otro, una mirada pretérita que se actualiza en la pregnancia del actor, separándolo del fondo singular de la sala –donde el color negro envuelve el espacio ficcional- y, sobre todo, del fondo político y social de nuestra historia “oficial”. Cuando el áspero ruido producido por las desvencijadas paletas del ventilador -que volvemos a escuchar al finalizar la obra- se detiene, produce un silencio cargado de sentido. Porque la corporeidad creada por los diferentes textos –Di Giovanni, Arlt, Molina y Fernández- dicen más que las palabras y transciende el límite espacio-temporal del espacio teatral. Un cuerpo de sentido, como un conjunto de particularidades, de rasgos que nos son propios, de un orden social que nos pertenece, construido a partir de múltiples relaciones intersubjetivas. Corporeidad que podríamos llamar “argentina”: a 80 años del primer Golpe militar, a 34 años del último Golpe militar y la instalación del gobierno de facto. Corporalidad que se hizo presente este 24 de marzo en una Plaza de Mayo dividida; y donde, siguiendo a Elina Matoso:

[Los] agujeros de nuestra sociedad, memoria de años terribles, agujeros en la carne de cada uno, como desaparición y muerte tatuada, sellada en nuestra corporeidad y sobre todo ausencia de representación, vaciamiento de imagen. Memoria activa de cuerpos ausentes en nuestros propios cuerpos (2001: 190).

Este es el cuerpo social puesto en escena a través del cuerpo físico del actor, quien logra como yuxtaponer las miradas de estos dos idealistas; un cuerpo atormentado pero, a la vez, inefable que no vacila ante una sociedad incrédula y opresiva, atravesado por la idea de “una sociedad más justa”. Di Giovanni-Arlt/Arlt-Di Giovanni, las dos caras de la misma moneda. ¿A quién describe Roberto Arlt en su aguafuerte?

Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huída hacia las sienes como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Grueso cuello desnudo. Pecho ribeteado por las solapas azules de la blusa. Los labios parecen llagas pulimentadas. Se entreabren lentamente y la lengua, más roja que un pimiento, lame los labios, los humedece. Ese cuerpo arde en temperatura. Paladea la muerte (1931).

La propuesta estética de La imagen fue un fusil llorando en un todo perfectamente amalgamado, cada sistema significante, sin subordinación, contribuye a organizar un pacto de silencio con el espectador. Un silencio cargado de sentido en una dimensión espacio-temporal que encadena pasado, presente y futuro. No a la manera de un flashback cinematográfico, sino perforando el tiempo y el espacio, perforando nuestra memoria individual y colectiva. Desgarramiento que se actualiza a partir del texto-espectáculo. Como afirma el propio Molina en una entrevista (3):

Yo soy un director que trabaja desde la construcción espacial, la ley que el propio espacio ofrece, en ese sentido pienso en un teatro “material” donde lo signico del espacio va generando desde lo perceptivo-visual al espectador, y ese mismo ámbito va moldeando inevitablemente al actor, donde él mismo sucede por que así es el espacio. El espacio de La Carbonera(4) es uno de los más antiguos de la ciudad de Buenos Aires. Y ese espacio devino en teatro, esa legalidad que contiene lo hacia mejor que el Teatro Del Pueblo, de ahí la diferencia entre ESPACIO y TEATRO. En el sentido de la historia, si contiene el Del Pueblo lo de Barletta-Arlt, pero en la construcción escénica la estética favorable es la del espacio La Carbonera. La escena es lo que se ve además de lo que se actúa. […] También se trabajo (en la construcción del texto y aportes de la puesta en escena) en lo paralelo del anarquismo como expresión responsable mediante decisiones permanentes, en ese sentido se amplifica el protagonista con un antagonista fantasmal y eterno.

Severino Di Giovanni, el joven italiano, es recordado, en general, por sus acciones violentas durante la primera mitad del siglo XX. Pero su lucha contra una sociedad opresora no fue por un solo camino. Poco se sabe de la actividad que realizó escribiendo numerosos artículos para diarios nacionales y extranjeros, utilizando varios seudónimos: “Descamisado”, “Giovanni Rolando”, “Nivangio Donisvere”….., como señala Osvaldo Bayer. En agosto de 1925 sale el primer número de su Culmine, “la revista tiene una presentación cuidada” y en casi todos los números posteriores había una prosa o una poesía; en las siguientes publicaciones, tanto folletos como libros, también tuvo una preocupación por lo formal, además del contenido. Organizó una biblioteca circulante de habla italiana y creó la librería Culmine -de acuerdo con el ideal libertario- con libros, revistas, periódicos a bajo costo y no sólo anarquistas, sino también filosóficos y científicos – como Friedrich Nietzsche o Charles Darwin. La emancipación femenina y el amor también fueron temas importantes para él. “Voluntarista al extremo e individualista al servicio de la humanidad, así podríamos definir el pensamiento de ese joven de 24 años”. (Bayer: 1989, 38-41). Durante su breve militancia de cinco años dentro del movimiento ácrata no encontró mayor apoyo, sino que fue rechazado por buena parte de sus integrantes. Especialmente desde La Protesta y la FORA se repudió a los expropiadores, en cambio, desde La Antorcha se manifestaron más a favor de las acciones violentas. A pesar de todo, fue coherente con su pensamiento hasta su muerte “anunciada”. Así como pensaba que a la violencia de arriba había que responder con la violencia de abajo, también se ocupaba por aquellos libertarios que morían en el exilio o en las cárceles, o eran brutalmente perseguidos. Su escritura era poética y, a la vez, violenta, visceral hasta su fibra más intima:

Singular naturaleza la de este hombre. Se movía permanentemente en una emocionalidad entre lo heroico y lo romántico que se desbordaba con generosidad por sobre los límites de lo ordinario, lo común, lo legal, el orden constituido. Jamás podría haber entendido lo que son los impuestos, multas, reglamentaciones, ordenanzas, patentes, leyes, propiedad. La sociedad afincada en esos principios se iba a defender con uñas y dientes de este peligroso dogmático del libre albedrío (Bayer, 1989: 172).

La represión brutal del gobierno del Gral. Uriburu terminó por desmembrar al movimiento anarquista (5); el tribunal militar sentenció a Di Giovanni a ser fusilado el domingo 1º de febrero a las 5 de la madrugada. El cuerpo de Severino fue traslado al cementerio de la Chacarita con una fuerte custodia y sin avisar a sus seres queridos. Pero a pesar de tanto hermetismo su tumba apareció al día siguiente cubierta con flores rojas (Bayer, 1989: 338-341) (6). Para el investigador hubo un testigo silencioso y solitario, quien sólo describió el fusilamiento sin tener una postura ni a favor ni en contra, ese testigo fue Roberto Arlt, quien “aplica el distanciamiento brechtiano sin haberlo leído”. Sin embargo, esa aparente neutralidad se desmorona con una lectura sesgada de la escritura del cronista que deja entre frase y frase silencios cómplices con el lector. La aparente objetividad de la enumeración de los hechos, el trabajar el objeto descripto desde la fragmentación, hace que la textualidad de Arlt surja horadada y permita leer no lo dicho, lo contenido por la necesidad de la edición, lo que el cronista guarda dentro del puño cerrado.

Espacio de cielo azul. Adoquinado rústico. Prado verde. Una como silla de comedor en medio del prado. Tropa. Máuseres. Lámparas cuya luz castiga la obscuridad. Un rectángulo. Parece un ring. El ring de la muerte. Un oficial. "..de acuerdo a las disposiciones... por violación del bando... ley número..."

El oficial bajo la pantalla enlozada. Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado en aceite rojo. Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre. Negro círculo de cabezas (1931).

La escritura no dramática de Arlt, sus aguafuertes y sus novelas, han tenido dentro de nuestra historia teatral un largo recorrido desde la puesta de El Humillado, uno de los capítulos de Los siete locos, dirigida por Leónidas Barletta en el pequeño espacio, ex lechería de la calle Corrientes al 400, donde funcionaba el Teatro del Pueblo. Por otra parte, la relación de la crónica policial y la estructura dramática tiene su momento más fecundo cuando el autor construye como testigo de lo sucedido su pieza 300 millones (7). La presencia, la mirada de Roberto Arlt sobre la ciudad y sobre las almas que la habitan debían ser trasladadas a la escritura para poder ser exorcizadas de su cabeza:

Durante meses y meses caminé teniendo ante los ojos el espectáculo de una pobre muchacha triste que sentada a la orilla de un baúl, en un cuartujo de paredes encaladas, piensa en su destino sin esperanza, al amarillo resplandor de una lamparita de veinticinco bujías (Larra, 1992: 73).

Julio Molina intuye ante la lectura de He visto morir, el curso de agonía que atraviesa a su autor y desde ese punto abismal construye una textualidad expresionista, donde la conciencia se revuelve entre la pasividad del testigo imposibilitado de acción y el pensamiento que ruge desde el dolor que esta ciudad y sus castigos inhumanos le producen. Arlt el eterno inconformista, que sufre desde su infancia las desigualdades sociales, en una Babilonia infernal donde las diferencias comienzan muchas veces desde el lenguaje, siente la necesidad de no estar ajeno al dolor de los demás, captarlo desde la mirada y atravesar la imagen con la palabra, a pesar de sentir como muchos la inutilidad de su esfuerzo (8). El Arlt que a las nueve años se entera en su casa del fusilamiento de Ferrer, el maestro de la Escuela Moderna, en Montjuich, España, y que lleno de furia quema delante del negocio de un “asturiano bruto” una bandera española confeccionada por él, es el mismo, que luego cuando sea testigo presencial de la muerte de Di Giovanni, destrozado, se exprese así: “Yo no me explico –le dice a un obrero linotipista – que haya gente que se ponga guantes blancos para ver matar a un hombre”, en clara referencia a los muchachos de la Liga que llenos de felicidad acudieron ese día a ver al ácrata ser comido por las fieras, como en el circo romano.

Pero también es en ese momento donde va a darse cuenta de sus propios límites, cuando la primera nota que escribe sobre lo sucedido, altamente condenatoria, le es devuelta tachada; comprueba entonces que, el ver y el decir entran en un conflicto que es el que Molina desarrolla con exactitud en La imagen fue un fusil llorando. La disyuntiva ética que aparece en la aguafuerte de Arlt, y que desarrolla la puesta de Molina, sigue reproduciéndose en la actualidad, agravada por el peso que ejerce el universo mediático. Podemos tomar un momento paradigmático en la forma que el diario Clarín recogía los incidentes que le costaran la vida a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en la represión que se ejerce sobre las filas piqueteras en el Puente Pueyrredón de Avellaneda en el 2002, bajo el gobierno de Eduardo Duhalde. La manera de registro de los acontecimientos divide las aguas dentro de los mismos cronistas, entre aquellos que creen que un periodista es a la vez un ser político que no puede ni debe permanecer neutral ante lo que ve, y aquellos que intentan una objetividad a ultranza, y que piensan que sólo registran los hechos, sin por eso establecer una escala de valores. Por el contrario, como puede apreciarse en el documental de Patricio Escobar, La crisis causó 2 nuevas muertes (9). Los medios de comunicación en la masacre de Avellaneda; Clarín y el resto de los medios televisivos relatan los hechos desde el discurso y la imagen: el filme deja en claro como es posible construir la información, y tergiversar los sucesos; estableciendo un juicio basado en el prejuicio de clase y en el temor al otro, al semejante que había sido marginado por el desastre económico. La forma que el registro de la cámara tomó la muerte de los jóvenes, y que luego fue reiterada una y otra vez por los canales de televisión, hizo que desde las voces de otros periodistas en búsqueda de la verdad se lograra la detención de sus asesinos, el comisario Alfredo Fanchiotti y su subordinado el cabo Alejandro Acosta y que pusiera en evidencia la brecha ética entre unos y otros.

 

Ficha técnica

La imagen fue un fusil llorando de Julio Molina. Intérprete: Gabriel Fernández. Puesta en escena: Julio Molina. Asistente de dirección: Ana Laura Urso. Vestuario: Mercedes Arturo. Realización escenográfica: Eduardo Ramoni. Escenomontaje: Mario Alfaro. Fotografía: Tatiana Sandoval. Área sonora: Cecilia López. Área visual e Iluminación: Alejandro Le Roux. Operación técnica: Lautaro Graciosi, Hernán Alcaráz. Teatro del Pueblo 

 

 
Notas

1. Las obras y los autores que integraron el trabajo fueron: Pájaros Jóvenes. Ariel Farace; Dimanche. María Laura Fernández; La tabla refalosa o la refalosa en tabla. Carolina Balbi; Bello. Mariana Chaud; Te devolví a todos los soldados. Santiago Gobernori; La imagen fue un fusil llorando. Julio Molina; Corazón de cabeza. Susana Villalba. Volver

2. “He visto morir” es una aguafuerte porteña, fue publicada en el diario El mundo el 2 de febrero de 1931. Volver

3. Entrevista realizada por Sanz y Joffe con motivo del presente artículo, el 07/04/2010. Volver

4. Molina hace referencia a la puesta en La Carbonera en 2009. Volver

5. Muchos de los integrantes del movimiento fueron arrestados y enviados a la cárcel de Ushuaia, otros huyeron al Uruguay, algunos pasaron a la clandestinidad y otros fueron extraditados. Fueron clausurados La Protesta y La Antorcha, Anarchia continuó en la ilegalidad. Se establece la pena de muerte, se comienza a utilizar la picana eléctrica, en las cárceles y en las comisarías la tortura es normal; se allanan y se cierran sindicatos. Volver

6. Bayer, al final de su obra, reconoce que al principio fue la curiosidad la que lo movió a estudiar esa “figura demonizada”, luego el interés por llegar a “su verdad”, pero que fueron necesarias muchas páginas para desenterrar la memoria. Para el autor rescatar esa verdad “es una manera de conocernos mejor a nosotros mismos” (1989: 381-382). Volver

7. Narra el propio Arlt: “Siendo reportero policial del diario Crítica en el año 1927, tuve una mañana del mes de setiembre que hacer una crónica del suicidio de una sirvienta española, soltera, de veinte años de edad, que se mató arrojándose bajo las ruedas de un tranvía que pasaba frente a la puerta de la casa donde trabajaba, a las cinco de la madrugada”. Volver

8. Dice en su cuento El escritor fracasado: Como otros compañeros me quise acercar a la clase trabajadora. No negaré que se me ocurrió, al asumir semejante actitud, que le hacía un extraordinario favor al proletariado. ¿Quiénes, sino nosotros (según decíamos) podían orientar a la clase obrera hacia la resolución de sus problemas? A las primeras de cambio algunos obreros fantásticamente instruidos por su terrible dialéctica marxista (que aún no entiendo claramente por ser tan complicada) trituraron nuestros conceptos y mi literatura, y sin pelos en la lengua nos tildaron de ignorantes, vanidosos, oportunistas y chiflados…” (Larra, 1992: 105). Volver

9. “La crisis causó dos muertos” fue el titular que salió en la tapa de Clarín inmediatamente después de las muertes, aunque ya sabía que había sido la policía y no un enfrentamiento entre piqueteros como deja entrever en su crónica quien había cometido los crímenes y además los nombres de aquellos que habían disparado el gatillo. El documental hace un recorrido donde exponen sus razones el editor del matutino, los periodistas que construyeron la información a partir de las imágenes, los piqueteros testigos y protagonistas de los hechos. Volver

 
Bibliografía

Arlt, Roberto, 1931. He visto morir en Aguafuertes porteñas, diario El Mundo.

Bayer, Osvaldo, 1989. Severino Di Giovanni. El Idealista de la violencia. Buenos Aires, Legasa.

Benjamín, Walter, 1973 (1940). Tesis de la filosofía de la historia. Madrid, Taurus.

Larra, Raúl, 1992. Roberto Arlt, el torturado. Buenos Aires, Leviatán (6ta edición)

 

 
Sanz, María de los Ángeles
Universidad de Buenos Aires
msalunanueva@yahoo.com.ar
 
Joffe, Azucena
Universidad de Buenos Aires
azujoffe@gmail.com
Etiquetas: Roberto Arlt, Severino Di Giovanni, idealista, represión
   
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