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Año V | Número 8 | Mayo 2010
 
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Dossier: La Chira (El lugar donde conocí el miedo). 1) La obra

 
 
Resumen:

Presentamos un dossier sobre La Chira (El lugar donde conocí el miedo) que consta de la obra, un estudio crítico y una entrevista con la autora.

 
 
                 Un paraíso perdido propone
                                                                                                otro paraíso
                                                                                                (Rodolfo Hinostroza)
 
 
La Chira es un convite.
Un tratado secreto sobre la melancolía, aunque una melancolía impiadosa consigo misma por su exceso. La incorrección de decir lo que nunca pudimos decir.
La invención de la cosmogonía mágica y precaria de una niña encerrada en un ropero. De golpe, la niña se vuelve no-niña, arrojada al exilio, a la pubertad, al roce con la muerte. Los egoísmos, juegos y ritos con los que quiere recomponer un orden que ya no existe.
Da la palabra a los que nacimos en medio de la algarabía de la militancia revolucionaria de los años sesenta/ setenta, sus testigos interrogativos y a veces partícipes involuntarios.
La Chira no encuentra los zapatos del padre y se come los propios pies.
 
PERSONAJES
 
Hermano mayor o el muerto
Hermana mayor o mujer-hombre
Hermano del medio u hombre-mujer
Hermano menor o Papá Noel embarazado
Prima o la Bruja
 
 
[En penumbras, todos están reunidos y dispersos (salvo el hermano mayor). El hermano del medio proyecta una serie de diapositivas que disparan intervenciones sueltas de los presentes.]
 
[DIAPOSITIVA MESA CON SILLAS VACÍAS]
 
Hermano del medio: Antes de llegar, yo pensaba que el Perú vivía gente con orejas estiradas, como Spok en “Viaje a las estrellas”.
 
[DIAPOSITIVA INTERIOR A OSCURAS]
 
Hermana mayor: Nos fuimos un 29 de mayo de Buenos Aires. ¿Se acuerdan que estuvimos repartidos en las casas de los primos hasta que pudimos salir?
 
[DIAPOSITIVA PIES]
 
Hermano menor: A esa chica se la llevaron de los pelos.
 
[DIAPOSITIVA CAJONES]
 
Hermano menor: El olor del mar es lo que más extraño. Lima es de humedad. Vaho del mar subiendo el barranco. Cielo acuoso. Ciudad-verdín.
 
[DIAPOSITIVA CUBOS CON CLAVOS]
 
Hermano del medio: Yo no sabía que tenía apellido materno.
[DIAPOSITIVA MAR] 
 
Hermano menor: La bruma recubriéndolo todo. Jugar a alejarnos un metro y que ya no nos vean, que no nos vean.
 
[DIAPOSITIVA ZAPATOS EN ESTANTE]
 
Prima: Qué lisura, me dice la abuela de Puchi cuando yo cuento algo. Y no sé qué es lisura. ¿Qué cosa es?
 
Hermano menor: Ordinaria, maleducada...
 
[DIAPOSITIVA INTERIOR DE COCINA] 
 
Hermana mayor: Ester Tapiero de Géminis Ruiz. La dueña de la casa arremetió con tres juicios de desalojo.
 
[DIAPOSITIVA MURO SUCIO, HÚMEDO]
 
Hermano del medio: ¡Olor a orín!
 
[DIAPOSITIVA SANTO CON CLAVOS]
 
Hermano del medio y prima (al unísono): Toque de queda de 10 p.m. a 6 a.m.
 
[DIAPOSITIVA MERCADO CON FRUTAS COLORIDAS]
Hermana mayor: Llegamos al Jorge Chávez cargados como equecos. Vos llevabas la radio Siete Mares en una mochilita de vaquero. Yo, la olla a presión en una bolsa colgada del cochecito del más chico.
 
[DIAPOSITIVA ESCENA DE AEROPUERTO, ASCENSORES]
Prima: El ascensor es, de la escalera, su magia.
 
[DIAPOSITVIA RÍO RIMAC]
Prima: El Rímac. Ahí me tiraron, entre las piedras.
Nadie vio nada, nadie escuchó.
El Rímac será el río hablador, pero conmigo no habló.
 
Hermano mayor (apareciendo por el fondo, con una palangana metálica en una mano): ¿Seguro que no hablaste?
 
Hermana mayor: ¿Quién habló?
 
[DIAPOSITIVA MUJER EMBARAZADA]
Hermano menor (se acerca a la imagen como queriendo alcanzarla): ¡Mamá!
 
Hermana mayor: Sí pero el que está en la panza no sos vos, es él.
 
[SERIE DE DIAPOSITIVASITIVAS DE FIESTA FAMILIAR]
Hermana mayor (se acerca también a señalar la foto): Ese nene... esa nena soy yo, la del pullover celeste.
Hermano del medio: Esa es mi casa, antes, y por ahí deben estar enterrados los huesos.
 
Hermana mayor (distraída, murmurando a la prima): Sabés que la tía Marta se puso una cevichería en la playa. Allí sirve ceviche de toyo con su camote, su cebollita...
 
[DIAPOSITIVA DE ABISMO A ORILLAS DEL MAR]
Hermano menor: Ese es el lugar donde conocí el miedo:
un abismo en una playa al sur de Lima, que llaman La Chira.
La cordillera se mete en el agua abruptamente, sin descenso ni suaves colinas.
Bruscos paredones de rocas negras embestidos por un mar furioso, rugiente.
Jugábamos a la aventura de pasar en hilera hasta la otra playa, escarpando el abismo por lo alto.
No había más sendero que el que señalaban los pasos del que iba adelante. Las piedras se desprendían bajo nuestros pies y rebotaban varias veces hasta caer en el medio de la ola centrífuga que crecía y espumaba allá abajo, y salpicaba lluvia salada hasta acá arriba.
El ruido del agua cubría todo.
 
Soy el último de la hilera que cruza la cumbre del peñasco.
Hay que saltar un sitio abierto a la caída, un tajo de piedras desprendidas.
En el medio del salto, estalla el miedo. Me paraliza la posibilidad de estrellarme. No tengo garganta ni movimiento. No puedo pedir ayuda ni retroceder ni terminar de llegar del otro lado. Los pies y las manos, con una desesperación inútil, se agarran de tierra suelta que cae lenta, continua.
Los demás se alejan de espaldas a mí. No puedo llamarlos.
 
Soy del miedo.
 
[Se apaga el proyector. Los personajes componen un grupo familiar como si estuvieran a punto de sacarles una foto. Luz puntual sobre ellos.]
 
Hermano mayor: Yo soy el muerto.
Hermana mayor: Yo soy hermana mayor y la mujer-hombre.
Prima: Yo soy la bruja y a mí me torturaron.
Hermano del medio: Yo soy hombre-mujer y no quiero ser héroe.
Hermano menor: Yo soy el hermano menor y no sé por qué estoy vestido de Papá Noel.
 
[EN HILERA Y EN UN JUEGO CEREMONIAL TODOS EMPIEZAN A VESTIRSE Y DESVESTIRSE. LA PRIMA SE SACA UN VESTIDO TRAS OTRO, LENTAMENTE, Y ABAJO SIEMPRE HAY MÁS. LA HERMANA MAYOR SE SACA Y SE VUELVE A COLOCAR SIEMPRE EL MISMO VESTIDO. EL HERMANO DEL MEDIO SE VISTE DE MUJER. LOS OTROS DOS INTERCAMBIAN ALGUNAS PRENDAS.]
 
Prima (mientras se quita los sucesivos vestidos): El camino está obstruido por un huayco. No logro ver más allá del derrumbe. Piedras y lodo.
"Usted y su niño", me dicen los cuidadores, "no pueden quedarse aquí. La piedra sigue lloviendo y terminarían incrustados en el suelo para siempre. Váyanse".
¿Por dónde? No logro ver nada detrás del huayco. ¿En qué dirección mirar? El huayco está en mis ojos.
"Usted y su niño no pueden esperar más quietos", me dicen.
"Terminarán congelados".
¿Puedo tomar el sendero que bordea el río de los quinuales? ¿Puedo andar bajo sus fantasmas quebradizos? ¿Intento cruzar la correntada a los saltos por el paso de las piedras rojas? Sé que el río crece con las lluvias y arrastra todo. Ahoga hasta los gritos.
¿Puedo escalar la ladera por el risco? ¿Trepar más alto que el nacimiento del derrumbe? ¿derrumbarme con la montaña?
¿Puedo volver al pueblo del que partimos temprano? ¿Retroceder los pasos y pasar ahí la noche, cabizbaja?
 
¿Puedo sino unirme a la procesión de los penitentes que avanza tres-pasos-para-adelante-dos-para-atrás, con las rodillas desnudas clavadas en el suelo de ripio? ¿Exponer con ellos el cuerpo a la furia del pedregal que sigue cayendo?
¿O quizá deba estarme quieta y esperar aquí, con mi niño, en un costado resguardado y escondido, a que cese el huayco, a que las grúas lo remuevan, a que se despeje el camino y se despejen mis ojos?
"Usted y su niño no pueden esperar más, aquí, quietos", resuenan las voces de los cuidadores. "Quietos terminarán congelados".
 
Hermano mayor (al del medio, arrojándole la prenda): Ponete los pantaloncitos.
 
Hermano del medio (enfrentándolo): No. Yo me quiero divertir. Para eso vine acá. [SUBE DE TONO E INCREPA A LOS QUE LO RODEAN] ¡¿Me escuchan?! La quiero pasar bien, me quiero reír. ¿No ven, no ves que no tengo el surco del llanto marcado en la cara?
 
[SOBRE EL ESCENARIO, ALGUIEN TRAZA MARCAS EN CRUZ DE TIZA DELIMITANDO EL ESPACIO DEL JUEGO DE LAS CUATRO ESQUINAS. LAS ESQUINAS SE INTERCAMBIAN Y EL O LA QUINTO/A, QUE ESTÁ EN EL MEDIO, TRATA DE OCUPAR LAS ESQUINAS EN EL MOMENTO EN QUE LOS QUE LAS OCUPAN CORREN HACIA OTRA. EL QUE PIERDE VA PASANDO A UNA PEQUEÑA TARIMA EN EL FRENTE, CON SUS ZAPATOS EN LA MANO Y DICE SU TEXTO. CUANDO TERMINA, MIRA A LOS DEMÁS ESPERANDO UN VEREDICTO.]
 
Prima: Soñé que levitaba, volaba bajo hacia algún punto con los ojos semicerrados y eso me causaba no tanto asombro como alegría.
 
Los demás: Castigo.
 
Hermana mayor: Había querido ir a Lima un par de días para salir con mi amiga en la noche de halloween. Pero ella estuvo enferma y salí sola, tan sola y asustadiza como un conejo, a golpear las puertas de Jesús María. Iba vestida de gitana y los aros de argollas a presión se me descolgaban a cada momento.
 
Los demás: Dulce.
 
Hermano del medio (con sus tacos en la mano): Sueño que vuelo. La falda de gitanita se llena de aire. Y tengo un par de zapatos, unos mocasines de cuero marrón número 40 en la mano izquierda.
 
Los demás: Castigo.
 
[ESCENA DE BAILE: BAILAN REPITIENDO MUY LENTAMENTE UNA SERIE DE FIGURAS ENTRELAZADAS LA HERMANA MAYOR Y LA PRIMA. EL HERMANO DEL MEDIO LAS IMITA SOLO, A CIERTA DISTANCIA. EL HERMANO MENOR MIRA INQUIETO A LA PRIMA.]
 
Hermano menor (a la prima): ¿Me entendés?
No quiero nada más que acodarme acá y mirarte.
No sé bien cómo hacés
Para mantenerte erguida entre las olas
Mientras servís el aperitivo a los clientes
 
Pero acaso me oís si te hablo? (1)
 
[LA HERMANA MAYOR Y LA PRIMA SE SIENTAN UNA ENCIMA DE LA OTRA Y SE ABRAZAN]
 
Prima (a Hermana Mayor):
Convalescés de hepatitis B y de sífilis.
Te llevo un frasco de jalea de membrillo y papeles.
Cuando tu madre nos deja solos, vos o yo proponemos que me suba arriba tuyo. Cogemos brevemente.
Vos lo hacés para agradecerme.
Yo lo hago para agradecerte.
 
Ahora agonizás y no queremos saberlo. Me pedís masajes en los pies, que te corte las uñas.
Todos tus hombres adivinaron este amor.
Vos querías un hijo. Nunca te dije que yo soñé con dártelo.
 
Hermana Mayor (deshaciéndose del abrazo):
Esto es un caos. Un desorden. No aparece nada. [A CADA UNO DE SUS HERMANOS QUE LE CONTESTAN APENAS CON MOHINES] Vos, ¿tenés claro cómo te llamás? ¿Y a qué escuela vas? ¿y vos? ¿y vos? [COMO REPASANDO, PARA SÍ MISMA] Sí, señora. Nos mudamos mucho, sí, señora, es que el trabajo de mi papá... Es... ingeniero agrónomo. A mí me encanta conocer nuevos lugares, sí, señora.
 
Hermano del medio: Y a mí me encanta mi nombre.
 
[EL HERMANO MAYOR ENTRA CON LA PALANGANA Y SE ACUESTA EN EL PISO. LOS OTROS TRES HERMANOS SE SIENTAN EN TORNO A LA MESA. LA PRIMA SE ESCONDE DEBAJO DE LA MESA. LO ÚNICO QUE SE VE DE ELLA SON SUS PIES DESCALZOS, QUE ASOMAN DEBAJO DEL MANTEL, COMO SI FUERAN LA EXACTA Y A LA VEZ DESPROPORCIONADA CONTINUIDAD DEL CUERPO DE LA HERMANA MAYOR. NADIE PARECE VER AL HERMANO QUE YACE SALVO EL MENOR.]
 
Hermana mayor: Ahora vamos a jugar a la botella loca. Gana el que cuenta la anécdota más divertida.
 
[HACE GIRAR UN ARTEFACTO ABSURDO QUE SEÑALA A TODOS A LA VEZ. ELLA DESIGNA A SU FAVORITO DÁNDOLE LA BOTELLITA PARA QUE HABLE.]
 
Hermano del medio: Vuelvo con papá a Chicrín. Es un viaje largo, salimos después de almuerzo y ya oscureció hace rato. El micro de Transportes Peter...
 
Hermana mayor (lo interrumpe para corregirle la pronunciación del inglés): /Piter/
 
Hermano del medio (retoma el relato): El micro de Transportes /Piter/ se bambolea por el camino de cornisa. Pasamos Cerro de Pasco. Las luces eléctricas vuelven aún más lunar el paisaje de la mina. Un cerro tajeado, muerto de relave, gris, árido. Nieve sucia al costado del camino.
 
Hermano menor (recita el mismo texto que su hermano, superponiéndose): Un cerro tajeado, muerto de relave, gris, árido. Nieve sucia al costado del camino.
 
Hermano del medio (lo increpa): ¿Lo estoy diciendo mal?
 
Hermano menor: No, pero a mí me gusta ese texto.
 
Hermano menor (retoma): Papá duerme. Se sacó los zapatos. El Peter pasa por Chicrín a mitad de la noche. Nadie se baja ahí sino nosotros. Lo despierto en La Quinua para avisarle que ya falta poco. No están los zapatos. Los busca hacia atrás y hacia adelante, debajo de cada uno de los asientos, despertando a los pasajeros. El gringo perdió los zapatos. ¡Me los robaron, cholos de mierda! [SUS HERMANOS SE RÍEN] Los zapatos no aparecen. Se baja descalzo, puteando. Falta poco para que amanezca. El Peter nos dejó en el destacamento, cerrado, a trescientos o cuatrocientos metros del puente que hay que cruzar para llegar a casa. Está helando, el aire hiere, y el camino es de tierra, cubierto de guijarros puntiagudos. Papá maldice por lo bajo. Su voz hace eco en el silencio oscuro de la montaña. Maldice al Perú, al ministro de obras públicas, a halloween, maldice a Videla.
 
[LA HERMANA MENOR VUELVE A HACER GIRAR EL ARTEFACTO. ESTA VEZ ELIGE QUEDARSE ELLA CON LA BOTELLITA.]
 
Hermana mayor: 
Se estrena La Traviata en el Teatro de los Desamparados. Acompañamos a mamá a cambiarse en el camarín. Está radiante y con las mejillas coloreadas, maquillada como nunca la vimos. Se ríe mucho. [IMITA LA RISA. LOS DEMÁS SE RÍEN TAMBIÉN] Golpea la puerta del camarín de los hombres para presentarnos. "Quiero que conozcan a mis hijos", dice, señalando primero a los chicos. Y luego a mí: "y ella es mi hermana". [SE DA CUENTA DE QUE SUS HERMANOS NO ENTENDIERON EL REMATE. LO REPITE GESTICULANDO] "Quiero que conozcan a mis hijos", dice, señalando primero a los chicos. Y luego a mí: "y ella es mi hermana".
 
[SE REPITE EL JUEGO. DE NUEVO SE QUEDA CON LA BOTELLA LA HERMANA MAYOR, EN COMPLICIDAD CON EL DEL MEDIO Y DEJANDO AFUERA DESAFIANTEMENTE AL MENOR.]
 
Hermana mayor: Es tarde y los chicos ya duermen. Yo estoy leyendo por séptima vez "La pequeña lady". Mi cuarto linda con el baño. Él volvió de Colombia esta mañana después de un mes afuera. Se miraron con deseo todo el día. Llenan la tina y se bañan juntos. Ella se ríe y él no habla. "¿Qué pasa que me mirás tanto el sexo? ¿Ya no te gusta mi cara?".
 
[SE REPITE EL JUEGO. ESTA VEZ EL MENOR NO SE DISTRAE Y ARREBATA LA BOTELLITA.]
 
Hermano menor: Mi papá va por la segunda cerveza Pilsen Callao. Yo sigo mirando la mesa del bar donde acomodo cáscaras de maní en un orden precario y sin lógica. Tiene los ojos húmedos y tampoco me mira. Pero, por primera vez, dice. "No sé por qué sigo con ella. En la cama nos va tan mal". Quiero que se calle.
 
[YA NO HAY RISAS. SIGUEN HABLANDO SIN NECESIDAD DE ASIGNAR TURNOS.]
 
Hermano del medio: Papá vuelve a casa, pasada la medianoche. Estoy durmiendo en el sillón del living porque se quedó un amigo a dormir. Papá no enciende la luz y se sienta a mis pies. Me acaricia las piernas. “¿Qué hacés acá? ¿me esperabas?”. “Mi cama está ocupada”. “¿Cómo ocupada? Y yo dónde duermo?”. “No soy má, pá”. Levanta la mano. Se va en silencio. La piel me arde. Malestar.
 
[LA HERMANA MAYOR, PARA CORTAR EL JUEGO, SACA LAS VAINAS DE HABAS Y DISPONE DELANTE DE CADA UNO DE LOS SENTADOS EN LA MESA UN PUÑADO DE VAINAS PARA QUE PELEN. COLOCA LA PALANGANA EN EL MEDIO PARA QUE TODOS PONGAN ALLÍ LAS SEMILLAS. SE DETIENE POR PRIMERA VEZ ANTE EL HERMANO MAYOR QUE YACE. ]
 
Hermana mayor (imperativa): ¡Vos! Pelá.
 
[EL MUERTO SIGUE INMÓVIL]
 
Hermana mayor: No te hagas el muertito. Vos también pelá.
 
[SE LEVANTA LLEVANDO UN PUÑADO DE HABAS. SE LAS COLOCA ADELANTE AL HERMANO MUERTO.]
 
Hermana mayor (volviendo a su sitio y comenzando a pelar, mirando a sus otros hermanos): ¿No nos decían que estaba exiliado en París?
 
Hermano del medio (a medida que va pelando las habas, arroja algunas semillas sobre sus hermanos, incluyendo al que está en el piso): No vine acá a acordarme de ustedes ni de mí... La noche que volviste [AL HERMANO MAYOR] yo me estaba poniendo mi campera de cuero negra para ir a la disco. Mamá había llorado tres meses porque vos no estabas y ahora seguía llorando por “todo lo que le habrán hecho”. ¡Mamá, basta de llanto!, ¡me quiero ir a bailar!
¿No ves? [A LA HERMANA MAYOR, QUE NO LE RESPONDE] Soy liviano y mi risa es fácil y contagiosa. No tengo los surcos del llanto marcados en la cara. ¿No ves?
 
[EL HERMANO DEL MEDIO ENTONA EL HUAYNO “OJOS AZULES” Y MIENTRAS TANTO SE VA DE ESCENA.]
 
Hermano del medio:
Ojos azules, no llores,
No llores ni te enamores.
Lloraras cuando me vaya,
Cuando secretos ya no haya.
Tú me juraste quererme,
Quererme toda la vida...
 
[AL SON DE LA CANCIÓN A CAPELLA, LA HERMANA MAYOR SACA A BAILAR AL HERMANO MAYOR, LO LEVANTA DEL SUELO Y LO SOSTIENE CON SU CUERPO INERTE. EL HERMANO MENOR SE LE ACERCA E INTERRUMPE LA DANZA. ELLA SE VA DE ESCENA.]
 
Hermano mayor (en secreto al hermano menor y señalando las habas caídas): Embutes. Yo estaba guardado en una casa limpia. Una vez por semana salía a comprar leche condensada y criollitas y a llamar a mi control. Al jueves siguiente, me espera una pinza. Alcancé a ponerme en la boca mi pastilla de vidrio.
 
Hermano menor: ¡La pastilla de los jefes!
 
Hermano mayor: Sí, la de los jefes. La mordí, me corté la lengua y no pudieron sacarme. No pudieron. ¡Les gané!
 
[EL HERMANO MAYOR SE VA DE ESCENA, LO SIGUE DUDOSO EL HERMANO MENOR. LA ESCENA QUEDA VACÍA, SALVO POR LOS PIES DESNUDOS QUE ASOMAN DEBAJO DE LA MESA.]
 
Prima (desde debajo de la mesa): papá, tengo miedo
no puedo asustar porque estoy asustada
niña-pánico blanco
vísceras de gorgojito
y la palabra prohibida
 
sh! sh! silencio
que no te despiertes de la siesta
 
sh! sh! huída
que no te descubran porque si no te matan
pavor
a que me roces el cuerpo
o intuyas el vello púbico
 
papá, tengo miedo
temo tu sexo y cierro los ojos
miedo a que tu esperma quede flotando en la bañera
o entre las sábanas de tu lado de la cama grande
y se meta en mí
 
tengo miedo
a molestarte
me hago pequeña para no cruzarme delante
de tu mirada ausente ni interferir en tu aislamiento
y si no logro desaparecer del todo
soy un nudo sin puntas
para resistir tus arranques de violencia
 
la cara tapada, ciega, muda
nunca pude mirarte a los ojos y vos a mí tampoco
 
sh! dolor de reconocerme la otra mi mamá
            descubrir el sometimiento en mi carne
sh! dolor de reconocerme tuya
            en la violencia contenida que me lacera
 
            que no puede estallar porque tengo miedo
 
 
[ENTRA EL HERMANO MAYOR A ESCENA, CON LA PALANGANA. LA PRIMA ESCONDE LOS PIES. ORDENA LAS BOTELLAS CAÍDAS, LAS ACUMULA EN UNA CAJA. AL APOYARLAS CON FUERZA SOBRE LA MESA, LA PRIMA ESCAPA DE ESCENA CORRIENDO ASUSTADA. MIENTRAS TANTO, LA HERMANA MAYOR –AL FONDO, ILUMINADA PUNTUALMENTE- SE FAJA LOS PECHOS CON UNA VENDA HASTA HACERLOS DESAPARECER, Y SE VISTE DE VARÓN. EL MAYOR FINALMENTE TERMINA SU RONDA DE PONER ORDEN Y SE VA. LA MAYOR QUEDA SENTADA, CONVERTIDA EN UN VARÓN.]
 
[LOS HERMANOS MENOR Y DEL MEDIO Y LA PRIMA ENTRAN A ESCENA JUNTOS Y DESCUBREN UNA CANASTA CON UNA MANTA DE CARGA DENTRO. SE SIENTAN A DESENVOLVER JUNTOS EL PAQUETE Y VAN DESCUBRIENDO UNO A UNO, DISTINTOS HUESOS. INVENTAN EL JUEGO DE TURNARSE PARA SACAR UN HUESO Y ADIVINAR A QUÉ PARTE DE SU PROPIO CUERPO PODRÍAN UBICARLOS. LOS OTROS DOS, CUANDO NO LES TOCA EL TURNO, ASIENTEN O IMPUGNAN EL LUGAR ELEGIDO. LOS HUESOS VAN QUEDANDO ALINEADOS DELANTE DE ELLOS. FINALMENTE, LUEGO DE CINCO TURNOS, LA PRIMA BUSCA UN HUESO Y YA NO QUEDAN MÁS. EL JUEGO SE INTERRUMPE.]
 
Prima (se aleja enojada): Acá faltan huesos. Lo hicieron a propósito. ¿Por qué es tan difícil encontrar los huesos?
 
Hermana mayor (desde el fondo): No quiero rozarla. Ni que me toque. No quiero que pase sus ojos por los libros que me deslumbraron. No quiero que me guste lo que a ella le gusta. Lo que la emociona. Lo que la hace sonreír.
Dejo pequeñas trampas para descubrir que rebusca mis cajones y lee mis papeles. Y rebusco sus cajones y leo sus papeles. Me indigna descubrir que mi cuerpo empieza a parecerse al suyo. Me avergüenza que no use corpiño y que muestre los vellos debajo de los brazos. Noche a noche, me flagelo para que no llegue la sangre. Y cuando llega, me encierro tres días bajo llave.
 
[LA PRIMA SE DESCUBRE EL PECHO Y SE COLOCA UNOS BROCHES CON INSIGNIAS O CONDECORACIONES SOBRE AMBOS PECHOS Y EL TORSO DESNUDOS, UNO EN CADA FRASE DEL SIGUIENTE DIÁLOGO.]
 
Prima: Un par de días sola en un desierto. El mar delante tuyo y nada más. Nadie. Vos sola. ¿Querés?
 
Hermana mayor: Van a venir a buscar a papá, lo van a matar. No puedo dejarlo solo. Si yo escucho la radio de las novelas se muere. Hay que pasar el dial rápido, y cerrar los oídos. Si yo me duermo mientras maneja la camioneta toda la noche, se desbarranca. Si no me azoto la espalda doscientas veces la espalda, no va a volver.
 
Prima: Una siesta un martes a la tarde, un ratito de acurrucarte en la cama. Hace frío y estás cansada. ¿Querés?
 
Hermana mayor: Si no estoy alerta podría pasar algo. Una catástrofe. Podría enrojecerse el cielo, podría empezar la guerra, podría llegar el miedo.
 
Prima: ¿No vas al cine? Tu hijo queda bien cuidado. ¿Querés?
 
Hermana mayor: Tengo miedo. Alucinaciones, masacres espantosas. Llegar y encontrarlo muerto. Porque yo no estoy.
 
Prima: - Hagamos el amor, ¿querés?
 
[FIGURA CONGELADA DE LA PRIMA CON EL TORSO CUBIERTO DE CONDECORACIONES]
 
[EL HERMANO MAYOR ENTRA CON SU PALANGANA, SE SIENTA, SE DESNUDA LOS PIES Y SE LOS LAVA CON AGUA. LUEGO DESENVUELVE DE UNA SERVILLETA UN CUCHILLO Y UN TENEDOR Y EJECUTA LA ACCIÓN DE COMERSE LOS PROPIOS PIES. MIENTRAS TANTO, EL HERMANO MENOR LO OBSERVA MIENTRAS ESCRIBE EN SU PEQUEÑA LIBRETA Y LEE EN VOZ ALTA SUS PROPIOS VERSOS.]
 
Hermano menor:
Cicatriz púrpura tenue
la herida del parto
con sus costurones
por allí asomó una cabeza
sin que yo pudiera hacer nada para retenerla
 
Hermano mayor (como un eco):
sin que yo pudiera hacer nada para dejarla ir
 
Hermano menor:
hincadura
de alfiler
sexo cosido
 
un zurcido que no recobra ninguna forma ni sentido
 
Hermanos mayor y menor (juntos):
un hierro atraviesa mi pie
 
Hermano mayor:
el niño-vivo mira
pisadas de sangre marcan un camino inútil, desesperado
rastros ocres por borrar con agua jabonosa
 
Hermano menor:
los niños muertos de mí son una ráfaga
que de golpe se hace visible
 
Hermano mayor:
el niño-vivo llora
suturan la herida en una camilla de hospital
hielo celeste
 
Hermano menor:
un cuerpo inerte de mujer es arrojado a la carretera
está envuelto en una frazada
de la cadera para abajo
 
todavía lleva dentro un feto muerto
de cinco meses
 
Hermano mayor:
y el brazo
agujereado
 
Hermanos mayor y menor (juntos, voz queda):
el niño-vivo duerme
 
[EL HERMANO MAYOR SE VENDA LOS PIES MANCHANDO LAS VENDAS DE ROJO. LUEGO SE RETIRA CAMINANDO CON DIFICULTAD.]
 
Prima (sacándose rápidamente las condecoraciones, jocosa):
 

Mi hijo me pide que abra las piernas. Apoya la cabeza sobre mi sexo y empuja. Empuja y se ahoga. Quiere entrar. Me pregunta si tengo un bebito en la panza. "No, sólo hay comida". ¡Mi hijo me pide que lo coma!

 
[EL HERMANO MENOR Y EL DEL MEDIO SE TRENZAN EN UNA PELEA SIMULADA Y SILENCIOSA, EN LA QUE NINGÚN GOLPE SE CONCRETA PERO SÍ SUS CONSECUENCIAS Y CAÍDAS. LA HERMANA MAYOR Y LA PRIMA ANOTAN CON CRUCES DE TIZA SOBRE LA PARED CADA UNO DE LOS LOGROS DE UNO U OTRO CONTRINCANTE. LUEGO DE UN GOLPE, EL HERMANO MENOR SE SUJETA EL VIENTRE Y GRITA DE DOLOR. LOS OTROS TRES LO ASISTEN Y LO AYUDAN A COLOCARSE EN POSICIÓN DE PARTO SOBRE UNA SILLA. LA PANZA-PIÑATA ESTALLA Y DEJA CAER VARIOS MUÑEQUITOS DE PAN. CADA UNO ELIGE EL SUYO Y LO COME EN UN RINCÓN. ADENTRO, APARECE UN PAPELITO ENROLLADO QUE TODOS LEERÁN A SU TURNO.]
 
Prima: Miedo nocturno.
La jauría de perros me despierta cada madrugada. Alaridos a orillas de la cama. Quiero bajarme y correr, pero a ver si sale un brazo y me agarra. No puedo abrir los ojos. A ver si vuelve aquel tipo mirándonos a los chicos dormidos. Me quedo quieta, quietecita mientras la jauría se aleja, vuelve, gimotea, se pelea.
Insomnio feroz.
Para curar el desvelo, un floripondio. Su perfume duerme, nos habían dicho. Pero esas noches volvió el insomnio con sus perros enloquecidos. Y amanecí con la cara y el cuello picados: los bichitos de la flor.
 
Hermano menor: Foto. 
Una foto blanco y negro.
Una muchacha de mirada extraña con vestido corto floreado, se deja estar en una silla mecedora. Su panza estalla.
Mira a la cámara. Seductora. Despreocupada.
Después ella -o el fotógrafo- desabotonaron por detrás el vestido. Y sacaron otras fotos. Ella y su panza desnudas. La piel brilla, aceitada. Las piernas recogidas, el pubis en la sombra.
Erotismo que terminó esa madrugada.
Cuando yo nací.
Nació su réplica. Fallida: el pabellón de la oreja no está despegado de la carne.
 
Hermana mayor: Un secreto.
El último día de clase siempre hace mucho calor. Mi papá me busca a la salida del colegio, y me lleva, a mí sola, al café Haití, enfrente de la plaza Miraflores. Él se pide un café: es el único lugar donde lo preparan bien, dice. “¿Vos querés una coca cola?”, me dice. Y yo asiento. Mamá nos tiene prohibida la cocacola porque es imperialista y es veneno que hasta corroe el óxido y sobre todo porque a ella no le gusta. Cuando salimos a comer afuera, siempre pide una jarra de agua de la canilla. Y mi papá me convida una cocacola.
 
EL HERMANO DEL MEDIO, MIENTRAS LOS DEMÁS HABLAN, INTENTA ENTRAR EN UN PEQUEÑO ROPERO Y ENCERRARSE ALLÍ. CUANDO FINALMENTE LO LOGRA, LE LLEGA EL TURNO DE LEER SU PAPELITO.
 
Hermano del medio: La mentira.
 
ella está muriendo
adentro de una sala de hospital
sola
estoy afuera
y no me dejan entrar
una médica pasa apurada mirando el piso
no acepta preguntas
una viejita me dice que rece
que quién es/ que qué tiene/ que se va a poner bien
hago una mueca/ me callo
sigo escuchando la respiración gimiente
 
es ella
se está muriendo
y no puedo hacer nada
 
pienso en el color de la paja
de la isla flotante del lago titicaca
 
a veces te mentí
con esa costumbre torpe de no encarar las cosas de frente cuando duelen
a veces me quedé callada cuando debí haber hablado
 
estás muriendo ahí adentro
tan lejos
y ya no puedo decirte nada
 
pienso en los secretos que nos guardamos
en las felicidades pequeñas que nos dimos
una entrada para los rolling stones
una tercera jarra de clericó en la verdulería
espiar castamente una orgía de bruegel
 
fruncís la nariz por la luz
en una de tus fotos preferidas
el pelo espeso y negro amarrado a la espalda
las escalinatas de plaza congreso
detrás una multitud
 
camino por el sol del hospital muñiz
un sol que calienta poco
y una tarde que termina
 
avisan que te estás yendo
el suelo me parece poco
y gimo al respirar
 
la médica se va mirando el piso
desolada
tu jadeo ya no llega
ahora sí nos dejan traspasar la puerta
 
no hay nada en la sala sino un camino recto
hasta tu camita
la boca abierta y las manos frías
rígidas
blancas debajo de una sábana blanca
 
me aproximo
me veo
estoy muerta en una cama de hospital
sola y helada
 
muerta
hasta que pueda perdonarme estar viva
 
 
[SALE DEL ROPERO BRUSCAMENTE. LANZA CONTRA LA PARED UN OBJETO QUE ESTALLA.]
 
[EL HERMANO MAYOR VUELVE A APARECER CON LA PALANGANA Y HACE SU RONDA. SÓLO DA SEÑALES DE VERLO EL HERMANO MENOR.]
 
Hermano mayor (al menor, confesional):
Caminé durante horas por la celda mirando la desnudez de unos pies que se me hacían tan solos como yo sin sus botas. Tal vez parezca una frivolidad, pero es que resultaba intolerable que te pudieran robar, además de la vida, además de tus hijos, además del sol y de las lágrimas que te tragabas para que no te vieran llorar, además, además un par de botas. (2)
 
[SE VA DE ESCENA.]
 
[EL HERMANO DEL MEDIO VUELVE A CANTAR UN HUAYNO, ESTA VEZ MÁS PICARESCO: “LA FLOR DE PAPA”]
La flor de papa, la flor de papa
La flor de papa, la flor de papa
Esta cholita no se me escapa
Esta cholita no se me escapa
 
La flor de lino, la flor de lino...
Esta cholita busca marido
 
[SE VA DE ESCENA, TAMBIÉN.]
 
[QUEDAN EN ESCENA LA HERMANA MAYOR, EL MENOR Y LA PRIMA. SE MIRAN. LOS DOS MÁS CHICOS HUYEN HACIA LA PUERTA. LA MAYOR SE ADELANTA E IMPIDE QUE SE VAYAN. CIERRA LA PUERTA.]
 
HERMANA MAYOR: ¡Afuera no! Morirán congelados. Vengan.
 
[LOS ACOMODA ALREDEDOR DE LA MESA. ELLA SE SIENTA DE ESPALDAS AL PÚBLICO. LOS TRES SE DESNUDAN LOS PIES Y LOS SUBEN ARRIBA DE LA MESA. SIN ROZARSE, LA PRIMA Y EL HERMANO MENOR SE DELEITAN EN UN DIÁLOGO DE PIES Y MIRADAS QUE EXCLUYE A LA OTRA.]
 
Hermana mayor: Soñaste que levitabas, volabas bajo hacia algún punto con los ojos semicerrados…Había querido ir a Lima un par de días… salí sola, tan sola y asustadiza… Iba vestida de gitana y los aros de argollas a presión se me… se me…
 
Prima: La noche de halloween terminamos en una pequeña habitación con dos camas marineras. Un escenario de albergue estudiantil, estrecho y con la luz apagada. En la cama alta de enfrente se acostó alguien. Se durmió pronto o eso quisimos creer. En la otra cama alta, otro, no sé quien.
Nosotros nos acostamos en esa cueva pequeña de la cama de abajo, rodeados de otras respiraciones, y con el cuerpo del de encima abovedando el techo. Estábamos extendidos uno junto al otro, sin movernos mucho. Desnudos, quedos. “Qué lindo sos.”
 
Hermano menor (respondiéndole): “Qué bonita eres”.
 
Prima: Luego, simplemente, te acostaste encima mío.
 
[LA PRIMA SE VA, SIN APURO, Y SU MIRADA INVITA AL HERMANO MENOR A SEGUIRLA. ÉL LLEGA A LEVANTARSE.]
 
Hermana mayor (amenazante): Se van y me dejan sola, con todos los platos sucios, el baño vomitado. Un asco. Son un asco. [BURLÁNDOSE] Que allí me tiraron. Que tengo miedo. Que no encuentro la llave. Que no puedo hacer nada. Leche condensada y criollitas. No soy má, pá.   [A SU HERMANO] ¡Réplica fallida!
 
[ÉL SE DETIENE EN SU HUIDA.]
 
Hermana mayor (en un último intento de retenerlo): Me acuerdo del día en que vos naciste.
 
[ÉL SE DETIENE Y LUEGO SIGUE SU CAMINO. DESAPARECE DE ESCENA. ELLA SE RESIGNA A QUEDAR SOLA.]
 
Hermana mayor (nunca se le ve la cara, sólo gesticulan los pies): Amelia Marcelo Zerpa y Edith León Bautista eran hijas de mineros y mis dos amigas de la escuela. Me esperaban junto a la cabina. Yo crucé el puente como siempre: maderita sí maderita no. [SALTA EN EL AIRE CON UN PIE Y CON EL OTRO] A no pisar ninguna juntura sino trae mala suerte. El guachimán saludó "buenos días" y a mí me sonó que era un respeto conmigo, que era la gringa. Andamos un trecho largo para el lado de Cajamarquilla. Edith traía una gaseosa del carmen. Se la había sacado a su madre, que tenía bodega. Era domingo y pasarían por allí los carros del rally, en carrera hacia Pucallpa.
Ya eran las tres cuando llegamos al bosque. Me enseñaron el trono, el halcón, la corona, el gigante. Piedras blancas y grises torneadas por el viento, sus criaturas. En la cumbre no había silencio sino bullicio de viento incesante. Sólo tocándose sabía la gente del otro. Volé; un salto desde un morro hasta Amelia, que nos esperaba de espaldas: cinco metros llevada por el aire como una cometa o una bolsa vacía.
Comimos los sándwiches de jamonada mirando la carretera que era un hilito que se perdía al fondo de la quebrada. No pasó el rally.
"Vamos a subirnos al trono", propuso Edith. Yo trepé primero, ayudada desde abajo. De golpe, cuando quise verlas desde mi trono, sólo risas, cada vez más lejanas, perdiéndose entre las moles de piedra. Sólo las risas. Ni un color rojo de sus chompas, ni un azul de sus casacas, ni un negro de sus cabellos.
Esperé un rato. Llamar no tenía sentido: no escuchaba ni mi propia voz. Caminé. Caminé más, apurando el paso, perdiendo de vista la carretera al abandonar la cumbre, y un poco más abajo perdiendo de vista también el bosque. Me crucé con unas ovejas y más allá su pastor. Caminé más rápido. Ahora podía escuchar mi jadeo. Cargaba todavía la botella vacía de Gaseosa del Carmen, las manos pegoteadas de jarabe.
Me resbalé entre las piedras de un manantial. "Tiene que llegar al río". Llegué a la carretera: mucho más allá se veían las luces de Cajamarquilla. Bordeaba la ruta cuando divisé luces veloces pasando una tras otra. El rally. Cuando pasó el último carro hacia la selva, apareció papá en el otro sentido, dando bocinazos con la Datsun, buscándome
 
[SE LEVANTA Y VA HASTA EL PROYECTOR DE DIAPOSITIVAS, LO ENCIENDE. VUELVE A PASAR LAS DIAPOSITIVAS DEL PRINCIPIO DE LA OBRA Y OTRAS HASTA AHORA NO VISTAS, QUE SON ESCENAS DE LA PROPIA OBRA. MIENTRAS SIGUE SU RELATO.] 
 
Cuando terminé de curarme los rasguños y bañarme, crucé a lo de Edith. "¿Recién llegas?", se rió. "¿Me has traído el envase de gaseosa? Si no me lo debes, ¿ah?".
 
[REPITE COMO UN LATIGUILLO.]
 
"¿Me has traído el envase de gaseosa? Si no me lo debes, ¿ah? Si no me lo debes, ¿ah?".
 
FIN
 
Notas

1. Adaptación de un fragmento de un poema de Rodrigo Quijano. Volver

2. Texto de Lilian Celiberti. Volver

 

 
 
Longoni, Ana
Universidad de Buenos Aires - CONICET
analongoni@gmail.com
Etiquetas: exilio, infancia, teatro
   
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