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Año VI | Número 11 | Mayo 2012
 
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La Compañía de Funciones Patrióticas y la reivindicación de una memoria patria&a

 
 
Resumen:

La Compañía de Funciones Patrióticas, dirigida por Martín Seijo, ha puesto en escena -desde su fundación en 2008 hasta julio del 2011, período que contempla este trabajo- sólo cinco espectáculos, todos basados en textos de escritores argentinos y todos representados un día feriado en relación con la conmemoración de algún suceso sobresaliente de nuestra historia nacional, aunque no siempre ha habido una completa correspondencia entre el calendario oficial y el suceso destacado por el texto dramático. Si bien en algunas ocasiones la obra se repitió, las puestas no tuvieron funciones regulares, limitándose a una o dos representaciones con el objeto de subrayar el carácter efímero del hecho teatral y su naturaleza festiva, a la vez que romper con la producción serial propia del sistema capitalista.


Entroncándose con el teatro patriótico español, el grupo privilegia las piezas breves con trama simple y sesgo didáctico, y las actuaciones de tipo paródico.


 


The Compañía de Funciones Patrióticas, directed by Martín Seijo, has staged only five plays during the period from its founding in 2008 until July 2011–the time period considered in this article-. All the shows were based on texts by Argentinian writers and performed on a holiday commemorating some outstanding event in the history of our country, although sometimes there was not a real correlation between the official calendar and the event portrayed in the show. Despite a play has sometimes been performed more than once, the presentations never had regular showings, and have been limited to one or two presentations only. This aimed at stressing the ephemeral character of the theater and its festive nature, as well as refusing to submit to the model of serial productions typical of the capitalist system.


Influenced by the Spanish patriotic theater, the company favors short plays with a simple plot and an educational focus, and parodical acting.


 

 
 

El campo teatral después de la crisis de 2001. El rol de la historia

Nacida en el 2008, la Compañía de Funciones Patrióticas (1) -dirigida por Martín Seijo- apareció en un contexto de intensa participación política y recuperación de la historia nacional que se había ido gestando a partir de la crisis de diciembre de 2001. La consigna de aquel momento –“que se vayan todos”- había implicado, conjuntamente con la determinación de ocupar los espacios públicos y recobrar un rol activo en la toma de decisiones políticas, volver a pensar nuestro pasado para, desde allí, proyectar un nuevo futuro. Tal como había sucedido luego de los pesados años de dictadura del “Proceso de Reorganización Nacional” era necesario, una vez más, ir hacia atrás en busca de las razones por las cuales se había producido un nuevo quiebre en nuestro devenir como nación (2), aunque éste de muy diferente naturaleza y profundidad.

La llegada a la Presidencia de Néstor Kirchner en 2003 dio un nuevo impulso a esta corriente de participación ciudadana y recuperación de la memoria colectiva. Numerosas medidas como la creación del Museo de la Memoria en el antiguo predio de la E.S.M.A. (2004), la abolición de las leyes de Obediencia Debida y de Punto final (2005), y la conmemoración oficial de sucesos sobresalientes de nuestra historia nacional –entre ellos el 30º aniversario del Golpe Militar del 1976-, sumados al reavivamiento deliberado del debate político, fueron consolidando una dirección que, en el ámbito cultural, ya había comenzado a delinearse a fines del siglo pasado con la revisión de lo acontecido durante la década del 70.

En el campo teatral, el florecimiento de este nuevo clima político-social implicó, a partir de 2001, un renovado impulso para la producción, con apertura de nuevas salas e importantes innovaciones estéticas. La revisión de nuestra historia, en especial de los hechos traumáticos relacionados con la última dictadura, fue el motor de muchas de las obras puestas en escena en esta primera década, así como de la formación de nuevos grupos y espacios. En este sentido, cabe destacar el rol que desde antes de la crisis viene cumpliendo Teatro por la Identidad desde su primer ciclo en 2001 que involucró veinticinco salas y más de treinta mil espectadores sólo ese año. Asimismo, en la Ciudad de Buenos Aires y en el interior del país se reiteraron experiencias de este tipo como el I Festival de Teatro y Memoria: escenas del pasado presente realizado en 2002 en La Plata con la presentación de veintiocho espectáculos y la participación de reconocidos teatristas como Tato Pavlovsky, Pompeyo Audivert, Adhemar Bianchi y Paco Giménez; el Encuentro Provincial de Teatro por la memoria y los derechos humanos que tiene lugar todos los años en Mendoza desde su inicio en 2006, ocasión en que se conmemoró el 30º aniversario del golpe militar, o el Festival de Teatro por la memoria que, a partir de 2008, tiene lugar anualmente en la provincia de San Juan.

Un fenómeno concomitante en el mismo período fue la aparición de colectivos teatrales comunitarios que bucearon en nuestra historia reciente como lo hizo en la etapa inmediatamente posterior a la dictadura militar el grupo pionero Catalinas Sur, surgido poco antes del advenimiento de la democracia. Siguiendo este mismo camino aparecieron en los primeros años de este siglo agrupaciones como Patricios Unidos de Pie, quienes comenzaron su actividad teatral en 2002 en esa localidad de la Provincia de Buenos Aires; Los Dardos de Rocha de La Plata, grupo formado en 2003; Boedo Antiguo cuyo primer espectáculo data de 2002 y El épico de Floresta que debutó en 2003, curiosamente con una obra que también incluyó en su repertorio la Compañía de Funciones Patrióticas: El gigante Amapolas, de Juan Bautista Alberdi (3).

Otros tanto sucedió con grupos teatrales de diverso origen pero propuestas parecidas. En este sentido, la fundación de la Compañía de Martín Seijo no es un fenómeno aislado ya que son varias las agrupaciones no comunitarias, organizadas muchas veces como cooperativas, que en este contexto buscaron llevar al campo teatral la historia nacional como forma de participación activa en el acontecer político-social del momento. Tal es el caso, por ejemplo, de la Cooperativa Teatral Ezequiel Soria, creada mucho antes, en 1990, pero muy productiva estos últimos años y la numerosísima Cooperativa Teatral Patrio-Arte de Pablo Moretti  que desde 2006 pone en escena obras de índole histórica. Estas dos compañías también coincidieron –conjuntamente con la Compañía de funciones patrióticas- en llevar a escena, aunque desde diferentes estéticas, la obra del dramaturgo argentino Andrés Lizarraga Tres jueces para un largo silencio, en el marco de los festejos por el bicentenario.

Este común abrevar en nuestro pasado supuso en la mayoría de los casos -aún cuando las obras puestas en escena correspondiesen a textos dramáticos ya existentes- una investigación histórica por parte del colectivo teatral, a la vez que un compromiso crítico con la realidad actual. Entendida así, la historia se presenta “como un proceso continuo, en el tiempo y en el espacio, que se prolonga hasta el tiempo presente, hasta hoy, y en el cual existe una permanente tensión entre las tendencias al cambio, a la ruptura, y las tendencias a la continuidad, a la permanencia” (Ansaldi, 2007: 11). En este sentido el teatro se presenta como un sitio de memoria al difundir versiones del pasado, hegemónicas o no, a la vez que factor de cohesión ya que “historia y memoria son aspectos estrechamente ligados e interdependientes de los nunca acabados procesos de identidades” (Tzvi Tal, 2012). 

La compañía de Funciones Patrióticas

La Compañía que dirige Martín Seijo ha puesto en escena, desde su fundación en 2008 hasta julio de 2011, período que contempla este trabajo (4), sólo cinco espectáculos, todos basados en textos de escritores argentinos y todos representados un día feriado en relación con la conmemoración de algún suceso sobresaliente de nuestra historia nacional, aunque no siempre ha habido una completa correspondencia entre el calendario oficial y el suceso destacado por el texto dramático. Si bien en algunas ocasiones la obra se repitió, las puestas no tuvieron funciones regulares, limitándose a una o dos representaciones con el objeto de subrayar el carácter efímero del hecho teatral y, a la vez, su naturaleza festiva: cada representación concluyó con una “merienda patria” que compartió elenco y público. En cada oportunidad, además, el “acto” se inició con la entonación del Himno Nacional y, una vez concluida la obra, los espectadores fueron saludados personalmente por los actores en la puerta de la sala, entregándosele algún recuerdo alegórico que varió –según el presupuesto disponible- desde una escarapela (Política casera) hasta una latita de conserva con el programa dentro (Historia de cómo nuestro amigo Panchito González se sintió responsable de la epidemia de peste bubónica en zona sur).

La primera función tuvo lugar el 18 de Agosto en el teatro Del Borde con motivo de celebrarse el 158º aniversario del fallecimiento del General Don José de San Martín. La obra elegida fue El gigante amapolas, de Juan B. Alberdi. A ésta le siguió el 17 de agosto de 2009 La neurosis de los hombres célebres en la historia argentina, basada en los textos de José Ramos Mejía, obra que se repitió el 10 de noviembre del mismo año, sumándose a los festejos por el día de la tradición. El 25 de mayo del año siguiente la Compañía estrenó Política Casera de Ezequiel Soria. La obra volvió a representarse el 9 de julio (Día de la Independencia) y el 16 de Agosto (160º aniversario del fallecimiento del General Don José de San Martín). Dos meses más tarde, el 11 de octubre de 2010, estrenaron Tres Jueces para un largo silencio de Andrés Lizarraga con motivo de conmemorarse el 198º aniversario del fallecimiento de Juan José Castelli, ocurrido el 12 de octubre de 1812. Vale la pena recalcar que esta obra fue puesta en escena por tres compañías distintas ese mismo año del Bicentenario, coincidencia que halla su justificación evidente en la temática que aborda: la gesta de mayo y el debate sobre el futuro de la revolución. La adaptación de Martín Seijo recupera sólo el tercer acto del texto dramático, haciendo hincapié en la injusticia cometida al juzgar la derrota miliar. Si bien esta nueva versión conserva –aunque en tono de parodia- casi todo el planteo del texto dramático fuente en ese acto puntual, el espíritu general de la obra de Lizarraga se pierde con la focalización en el proceso judicial y la simplificación de las opciones en juego. Esta pieza fue, además, la primera que el grupo realizó en el ámbito de la Fundación Proa. Por último, la Compañía de Funciones Patrióticas estrenó el 23 de julio de 2011 Historia de cómo nuestro amigo Panchito González se sintió responsable de la epidemia de peste bubónica en zona sur, adaptación de la obra casi homónima de Osvaldo Dragún (en lugar de “zona sur”, el título consigna “África del Sur”). La puesta conmemoró el 76º aniversario del asesinato del senador Enzo Bordabehere, ocurrido en el recinto el 23 de julio de 1935, durante la sesión en la que Lisandro de la Torre daba a conocer su investigación acerca del comercio de la carne.

Tres Jueces para un largo silencio  de Andrés Lizarraga

En general, las adaptaciones del director apuntan a simplificar la trama y reducir el número de personajes. Se privilegia lo cómico sobre lo dramático, recurriendo a la actuación paródica, el chiste y las canciones. Los personajes son prototípicos, lineales, sin mayores dobleces psicológicos. Desde la llegada del grupo a la sala de la Fundación Proa, que cuenta con una gran pantalla, los videos están integrados al devenir escénico y aportan un elemento más –a veces muy novedoso desde lo estético- que coadyuva al efecto paródico (5). Las obras muestran un claro interés por la historia, entendida como la definimos más arriba, es decir, en su relación con el presente. Los personajes son reconocibles y, a través de ellos, se propone una visión crítica de las políticas oficiales –pasadas y actuales-, fundamentalmente, mediante la ironía. Las puestas son rudimentarias, con pocos elementos escénicos, confrontando deliberadamente con las más costosas y sofisticadas realizaciones del teatro comercial. Los textos espectaculares desdeñan el “realismo” como modo de representación, haciendo evidente, en cada momento, el carácter “artificial”, discursivo, de lo que acontece sobre el escenario.

Politica Casera de Ezequiel Soria

En su elección tanto estética como, si se quiere, “ideológica”, la Compañía reconoce explícitamente su inspiración en el teatro patriótico español que tuvo lugar en la península como un movimiento de resistencia en un momento histórico bien determinado: la Guerra de la Independencia (1808-1914). En ese contexto, el teatro apareció como un fenómeno que aunaba los sentimientos nacionalistas del pueblo frente a la ocupación enemiga. De hecho, este teatro recibió el calificativo de “patriótico” sólo en cuanto el enemigo al cual se refirió fue externo. En la medida en que aparecieron luchas internas –en este caso, alrededor de la nueva Constitución- pasó a llamarse “político” y no “patriótico”. La Compañía recuperó esta exaltación patriótica frente al enemigo “externo”, pero resignificándolo al construir un eje nosotros/ellos en el que la primera persona aparece como un colectivo consolidado y abarcativo, que incluye a realizadores y público, frente a un ellos minoritario que se le opone y que representa esquemáticamente al poder dominante –antes y ahora, siempre el mismo-.

Más allá de esta primera y medular coincidencia, es posible señalar otras que le son funcionales, entre ellas el reciclaje de obras antiguas, elegidas en función de la oportunidad de su argumento; la temática ligada a los grandes momentos de la historia nacional; la puesta en práctica de un teatro popular tanto por su concepción como por el público al cual va dirigido; los estrenos en fechas patrias memorables y, en definitiva, el carácter festivo de los encuentros. Desde el punto de vista estrictamente estético se trata de un teatro burlesco, basado en la exageración y la risa fácil. Las piezas son breves, incluyen música y canciones patrióticas, y tienen una clara finalidad didáctica.

También en nuestro país, con motivo de la celebración de los sucesos de la revolución de mayo, tuvo lugar, en la segunda década del siglo XIX, un teatro igualmente festivo -basado en piezas alegóricas- que solía tener lugar dentro de un marco más amplio de festejos que incluían fuegos artificiales, desfiles de máscaras, música y canciones patrióticas. En esta tradición española-argentina se inscribe la propuesta de la Compañía de Funciones Patrióticas. 

La función patriótica como evento

Más allá del texto de base elegido en cada ocasión y de los lineamientos de orden estético puestos en juego en el texto espectacular, cada función de la Compañía halla su plena realización en el encuentro con el público al estructurarse como evento, como reunión gratuita y festiva. Esta gratuidad no depende del hecho de que se cobre o no entrada, sino de la lógica de producción. Al dejar de lado la representación en serie, el grupo dirige todo su esfuerzo –físico y económico- a un único momento –o a unos pocos- en el que se consuma el encuentro con los espectadores. Ese momento es doblemente irrepetible, ya que todo teatro es por definición vivencial y efímero pero este lo es en grado superlativo precisamente por la superabundancia de lo entregado y porque todo se consume en el aquí y ahora del disfrute compartido. Un disfrute que va más allá del escenario y redunda en la mesa de la merienda con la que se cierra la función y en el obsequio que el público se lleva como recuerdo.

Público

En este contexto, el teatro recupera su carácter ritual, de celebración, operando como factor de cohesión al poner en juego aspectos de la memoria y de la identidad colectiva. Es en este sentido que pueden homologarse las Funciones Patrióticas a los rituales más antiguos: los de la celebración de la fiesta con ofrendas y banquetes. La mesa compartida se convierte, entonces, en parte importante del festejo al obrar “como incentivo de aproximación, comunicación y entendimiento” (Martínez Oliva, 2001: 325), más allá del hecho teatral en sí mismo. De igual modo, quedan establecidos los vínculos entre celebración y memoria, tal como lo hace Juliano Borba (2005) -a propósito del teatro comunitario- al definir la primera como “una predisposición humana simbólica colectiva a marcar en forma ritual y festiva aspectos de la memoria y de la identidad” y remarcar la “alegría de reunirse para producir, compartir o consumir los bienes materiales o simbólicos”. La afirmación resulta muy pertinente en cuanto incluye específicamente los bienes de carácter simbólico, como sucede en este caso en el que se trata de una producción teatral. Por otra parte, en cuanto a la Compañía de Funciones Patrióticas se refiere, la celebración incluye, además, bienes materiales ya que termina con una “merienda patria”. Esta merienda en su gratuidad, pero también en aquello que pone a disposición –las tortas fritas y los pastelitos, el mate o el café  (6)-, refrenda el propósito de reunir en comunidad a aquellos que ofrecen y a aquellos que reciben, subrayando lo que tienen en común, los lazos que los reúnen y que se actualizan en el acto de compartir. Finalmente, esta manera no serial y superabundante de encarar las funciones por parte de la Compañía marca con claridad el sesgo ideológico con que están pensadas las puestas. En este sentido, resultan muy oportunas las palabras  de Gonzalo Aguilar al afirmar: “Un regalo produce un desequilibrio en el mundo. Extraer una mercancía de la circulación, desplazarla a la zona de los afectos y no esperar nada a cambio son los rasgos de una de las actividades más antiguas y más antieconómicas: obsequiarle algo al otro” (2010: 91).

Conclusiones 

La Compañía de Funciones Patrióticas, fundada en 2008, apareció en el marco de intensa participación política y de recuperación de la historia nacional que sucedió a la crisis de 2001 y que, en el ámbito teatral, se manifestó con la aparición de numerosos grupos (muchos de ellos comunitarios), la apertura de nuevos espacios e importantes innovaciones estéticas al servicio de una temática que muchas veces recurrió al pasado como una forma mantener viva la memoria y consolidar una identidad común.

En este contexto, la Compañía dirigida por Martín Seijo adquirió un perfil propio al volcarse por la adaptación de textos claves de nuestra tradición, relacionados –ya sea por su autor o por la lectura del grupo- con hechos sobresalientes de nuestra historia, entendida ésta como un proceso continuo que involucra también el tiempo presente. Como parte del carácter festivo que para el grupo tiene el hecho teatral, las funciones se realizaron únicamente los días feriados e incluyeron la puesta en escena de obras de trama simple, tono paródico y finalidad didáctica. En ellas se pone de relieve la construcción de un eje nosotros/ ellos en el que la primera persona aparece como un nosotros aglutinante que involucra actores y público y que despierta un sentimiento de patriotismo frente a un ellos que se yergue como una minoría opuesta a los intereses colectivos. La representación teatral así entendida adquiere el carácter de evento por su condición de irrepetible, y de fiesta por la gratuidad y la alegría ante los bienes –simbólicos y materiales- compartidos (7).

 
Notas

1. Usamos la expresión “memoria patria” en el sentido de “memoria histórica”, términos cuya justificación académica hace Francisco Erice Sebares en su artículo “Memoria histórica y deber de memoria: las dimensiones mundanas de un debate académico”. Volver

2. Imposible comparar al terrorismo de Estado con una crisis política, tenga ésta la envergadura que tenga. Sin embargo, los momentos históricos que la sucedieron tienen algunas características comunes: gran participación popular, florecimiento de la actividad cultural, recuperación de la historia como ámbito de discusión donde reencontrar no sólo las raíces comunes sino también las razones que permitan entender los sucesos y superar el quiebre volviendo a enlazar pasado con presente. Nuestro artículo “El cine en la postdictadura: los documentales histórico políticos durante el primer gobierno democrático” analiza, precisamente, esta búsqueda en el cine posterior a la asunción del Dr. Ricardo Alfonsín, [en Lusnich, Ana Laura y Pablo Piedras (editores). Una historia del cine político y social en Argentina (1969-2009. Buenos Aires: Nueva Librería]. Volver

3. En este punto los datos relevados parecen contradecir las afirmaciones de Jorge Dubatti quien minimiza el impacto de la crisis de 2001 en la actividad teatral al poner énfasis en las continuidades que, a su entender, existen en todo el teatro de la postdictadura, de 1983 en adelante. En lo concerniente al impacto de la crisis, coincidimos con lo expuesto por Marcela Bidegain a lo largo de sus trabajos sobre colectivos teatrales. Volver

4. Posteriormente, a partir del segundo semestre de 2011 y de forma más pronunciada este año, la Compañía fue cambiando su modo de producción. A partir del 16 de abril de este año, por ejemplo, presentan funciones regulares todos los lunes de ¿Qué?, ¿cómo? en el teatro Regina. Volver

5. En Tres jueces para un largo silencio la pantalla mostraba –mediante el globo propio de las historietas- los pensamientos que los jueces ocultaban al hablar sobre el caso. En otras ocasiones, la pantalla permite seguir la letra de las canciones. Volver

6. Me refiero, específicamente, al tipo de alimento. No se trata de gaseosas y canapés. Volver

7. Aguilar siguiendo a Bourdieu remarca, de este modo, el capital simbólico puesto en juego. Volver

 
Bibliografía

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Ansaldi, Waldo, 2007. “Prólogo” en Ansaldi, Waldo (dir.) La democracia en América Latina, un barco a la deriva. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

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Casale, Marta
Universidad de Buenos Aires
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Etiquetas: memoria, identidad, Cía. de Funciones Patrióticas, teatro patriótico, gratuidad
   
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