Año IV, número 7, noviembre 2009    

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Expresiones artísticas en espacios no convencionales

El subte

 

María de los Ángeles Sanz

Universidad de Buenos Aires

 

 

No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte. Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos. El deber, digo bien, EL DEBER del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro, o una revista de donde ya nunca saldrá, sino al contrario salir afuera, para sacudir, para atacar al espíritu público. Si no ¿para qué sirve? ¿y para qué nació? (Antonín Artaud)

 

La poesía, la música, la danza o el teatro, son habituales en el trayecto de las cinco líneas de subte que atraviesan la ciudad de Buenos Aires. Con niveles diversos de calidad artística, los protagonistas de estas expresiones tienen un punto en común, la necesidad de exposición de inquietudes artísticas que no encuentran una respuesta firme en ámbitos convencionales. Con recursos mínimos, indispensables, en forma grupal o solitaria, aportan a una ciudad que ofrece un impactante panorama de espectáculos, una instancia más desde la marginalidad. Algunos asociados a la poética del teatro callejero,  o al teatro invisible(1), como un flash, producen en escasos minutos la narración de una o dos secuencias, que cierran una pequeña historia de fácil decodificación para el heterodoxo pasajero espectador, a quien se le impone la tarea de observar y comprender un ejercicio actoral para el que no se ha preparado.

Si el teatro requiere del rito, del convivio (2), para producir su efectividad escénica, estos actores prescinden de ese instante preparatorio por parte del público potencial, que se ve involucrado en el espectáculo sin previo aviso. Como afirma Alberto Sava en su trabajo, Desde el mimo contemporáneo al Teatro participativo. La evolución de una idea, para que la gente participe se necesitan tres elementos: el espacio, la realidad y los códigos corporales. Un teatro participativo es entonces, un teatro de situación, de situar y generar nuevas acciones.

El movimiento de Teatro Abierto en su versión de 1985, presentó entre sus actividades, teatro en el subte, junto a los eventos en sociedades de fomento, trenes, plazas, colectivos, hospitales y escuelas. Se buscaba la respuesta del hombre de la calle, y no la de un espectador ideal e idealizado desde una propuesta estética. Eugenio Barba considera al teatro callejero, como “una experiencia de la vida cotidiana, que intenta canalizar y disciplinar modelos de conducta. 'El teatro de las grandes compañías, no se enraiza en la vida. En cambio el tercer teatro, el teatro de los pueblos; crea él mismo su pueblo. Es un lugar para establecer relaciones entre los hombres, un lugar que constituye vínculos humanos. Se trata pues, de algo más ético que estético, y su aspiración es liberar al individuo de la sociedad' (3).

Estas propuestas que surgieron al calor de la democracia incipiente, tuvieron –aunque, tal vez no continuas- otras manifestaciones. El Grupo Escena Subterránea presentó en 1995 la obra La Persecución. La puesta que irrumpió en la coordenada mínima de tiempo y espacio de un vagón, tuvo la recepción interesada de un medio calificado como la revista Humor: “Se representa totalmente en un subterráneo porteño, la actuación entre otros, Pauka Tortolano y Martín Joab, que también dirige. El público paga su entrada al espectáculo cuando paga el cospel para girar el molinete. La historia, ah no. Vaya y vea. Línea B de subterráneos, desde la estación Callao hasta la estación Florida”. Siguiendo el análisis de Dubatti, estas experiencias se pueden agrupar entre el modelo actoral de la antropología teatral que plantea

una teatralidad anterior al arte y cimentada en la observación de la cultura y la naturaleza con la consecuente ampliación del concepto de teatro hacia la parateatralidad y las actividades perfomáticas” y un modelo de teatralidad de lo no teatral, que es “la poética que explota la teatralidad de lo que no es considerado teatral en determinado período (2003: 13).

En la actualidad el teatro en los subtes, se ha reducido a pequeños gags cómicos, que irrumpen en el medio del pasaje de forma inesperada, y que podemos asociar más al género de variedades y el circo, que a una pieza dramática perfomática.

Poesía

Atraviesan los vagones casi silenciosamente, y extienden una mercancía que muy  pocas veces arranca una sonrisa, una lágrima escondida, una moneda. Son los poetas subterráneos, los juglares de la era neobarroca (4). Jóvenes en su mayoría, ante la expectativa indiferente del pasaje, dejan en su mano la pasión por la escritura, el amor por el lenguaje y sus juegos.

Como todo texto poético, la variedad de temas se suma a las diferentes calidades estéticas; que oscilan desde la sencillez más descriptiva de un paisaje referencial, hasta la exaltación de una subjetividad atravesada por toda la gama de sentimientos posibles, entre un lenguaje prolijamente claro, y una textura críptica, de metáforas oscuras.

El concepto del objeto de arte como mercancía, se contradice con estos nuevos poetas, que recurren a la oralidad para “vendernos” un producto al que no pueden adjudicar un precio acorde con el valor de lo ofrecido, y que muchas veces sólo intenta recuperar la posibilidad de la nueva tirada (5). Poesía atravesada por la expresión a veces en desmedro de la forma estética, que abarca temáticas universales como el amor, la soledad, la censura, la injusticia social, y otras que poseen características locales, como el desamparo de los chicos de la calle, la droga, o el recuerdo del padre, o de un amor perdido. La poesía es el lenguaje que descorre el velo que oculta una verdad: No tientes a los duendes!!! / Puede que te abran los ojos /y veas lo que no quieres ver; enuncia  Eduardo Crespo en el prólogo de Desde el Sur…siguiendo una tradición romántica, la figura del  poeta se construye como la del profeta de su tierra. El mismo Crespo termina con estos tres versos la poesía Decisiones: Cada quien elige su vida, / sólo queda después /soportar las decisiones. Muscolino trabaja con la temática del amor y la ausencia, y bucea en una realidad interior; poesía impresionista que como Crespo construye con versos libres y blancos: Soy espía, vigía, centinela / mis ojos miran desde adentro, / y me ven pero me temen / sin embargo no me rindo (Libre: 52); Busco una búsqueda, / y me encuentro conmigo (Resultado: 50).

Más allá de las diferencias entre unos y otros los acerca desde la forma, la libertad en el uso del lenguaje, la falta de preceptiva, en métrica y rima; que les permite el uso de figuras sencillas la más de las veces, que abarcan desde un punto de vista similar una amplitud temática. Por otra parte, es constante en estos trabajos la construcción de un espacio que, alejado de lo académico consagratorio, legitimante como material literario, perfile la posibilidad de una expresión que los afirme subjetivamente:

Aunque me cierren las puertas, / aunque me bombardeen, voy a llegar, / es mi decisión, por lo que lucho. / Si me bastardean seguiré, / si me callan gritaré /si me ignoran perseveraré, / si me olvidan resurgiré de las cenizas / soy palabra, soy verso, / negocio con mi alma lo sé, / pero que más puedo hacer si no / entregarme a mis ideales con el fin / de lograr que los hombres dejen / de ser urbanos y vuelvan a ser humanos / (…) No todo está perdido, ¿y los sueños? (Muscolino, Mensaje: 32)

La rebeldía valedera /es esperanza continua / de que este difícil camino / pueda ser el correcto / para matar el hambre, / la injusticia / y otros vicios humanos / para revivir lo esencial / de cada uno/ por medio de una simple / pero sentida poesía. (Crespo, La rebeldía: 10-11)

 

Música

 

Dentro de los subtes y en los ándenes nos vemos atravesados por sonidos que desmienten la uniformidad del tránsito diario. Son los movimientos de música clásica, jazz, tango, folklore, rock, que de estación en estación desperezan la modorra de los innumerables pasajeros que recorren la ciudad subterráneamente. Algunos reproducen el folklore del altiplano, otros producen un Piazzola que recuerda la ciudad, pero lo que llama la atención de aquí a poco más de un par de años es la aparición de intérpretes de música clásica que con sus  instrumentos acompañan al pasajero durante unos minutos de espera en el andén.

Tamara y Natacha son dos concertistas que habitualmente todos los mediodías tocan música clásica en el pasaje que une la estación Bolívar con la estación Perú del subte, intérpretes de piezas para violín y contrabajo. Pero ellas no son las únicas, otros instrumentos y otros artistas despliegan su talento en el Andén de la estación 9 de Julio de la línea D; en la entrada al shopping Abasto por la estación Carlos Gardel de la estación B.

En un primer momento, la falta de posibilidades dentro de los ámbitos culturales propios para esta clase de música y la necesidad de protesta, indujo a los músicos del Conservatorio a tomar las calles y las plazas a manera de resistencia y afirmación. Si bien persiste el factor económico – político que los llevó a buscar un público diferente, lo cierto es que ya son parte del paisaje de los subterráneos, tal vez incitados por el auge del turismo que los convierte en un plus de atracción.  

La construcción de arte en espacios no convencionales y la creación no convencional de espacios artísticos –o espacios que fugazmente se convierten en locus de praxis artística-, es una conquista que como sociedad surge a partir de la recuperación de la polis democrática. El espacio del subte aúna por la concentración de personas que día a día cubre su extensión, las manifestaciones más dispares que este trabajo apenas esboza. Otras expresiones como los graffitis, los comics, o las pinturas que aparecen en las paredes de las redes subterráneas, compiten con los murales de rigurosa confección oficial, las imágenes de los carteles de publicidad y la presencia familiar de los videos televisivos. Mucho material para investigar, que nos habla de una sociedad que -a pesar de las crisis o gracias a ellas-, sigue produciendo imaginativamente formas de resistencia.

Notas:

1. Según Augusto Boal, en el teatro invisible: “preparamos una escena y la jugamos en un tres, por ejemplo, en un supermercado” en un primer momento el espectador no sabe que aquello que está presenciando es en realidad teatro, todo pasa en un acto rápido. Volver

2. Jorge Dubatti, sostiene que “el punto de partida del teatro es la institución ancestral del convivio: la reunión, el encuentro de un grupo de hombres y mujeres en un centro territorial, en un punto del espacio y del tiempo, es decir, en términos de Dupont, la “cultura viviente del mundo antiguo”. (...) No se va al teatro para estar solo: el convivio es una práctica de socialización de cuerpos presentes... Volver

3. En Iacovello, Beatriz. “Exitoso final, a pesar de la lluvia para Teatrazo 85”, Clarín  23 de setiembre de 1985, Volver

4. Afirma Calabrese (1994: 31): “Mi tesis general es la de que muchos importantes fenómenos culturales de nuestro tiempo están marcados por una 'forma' interna específica que puede evocar el barroco (...) el término barroco necesita ser precisado porque no se trata de un retorno o una vuelta al pasado, sino, como Sarduy define el barroco no es un periodo específico de la historia de la cultura, sino una actitud general y una cualidad formal de los objetos que lo expresan. En ese sentido puede haber algo barroco en cualquier época de la civilización,  porque es una categoría del espíritu, contrapuesta a lo clásico. Volver

5. Por lo general, tienen más de una edición; Eduardo Crespo, nacido en Esquel, Provincia de Chubut, en el último número presentado a la lectura en 1997, Desde el Sur…hacia el subte, informa sobre los primeros tres títulos publicados: Duendes…de la calle, I y II; y Testamento para un duende. Marco Abel Muscolino, presentó en el 2004 Analógico, en la contratapa de este ejemplar se acreditan  otros títulos del autor: Prosas mentales (2002), poesía, y tres trabajos más en prosa: Almacén de palabras, (2003); La antesala del alma (2003); El pensador de ensueño, novela inédita. Son ediciones que además contienen ilustraciones del propio autor o de colaboradores que participan de la edición. Volver

Bibliografía
 

Calabrese, Omar, 1994. La era neobarroca. Buenos Aires, Editorial Cátedra.

Crespo, Eduardo, E, 1997. Desde el Sur…hacia el subte. Buenos Aires, Almagro Artes Gráficas.

Dubatti, Jorge, 2003. El teatro de grupos, compañías y otras formaciones. (1983-2002). Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación.

Muscolino, Marco, Abel, 2004. Analógico. Buenos Aires, Comunicaciones gráficas Plaza.

Sava, Alberto, 2005. Desde el mimo contemporáneo al Teatro participativo. La evolución de una idea. Buenos Aires, Colección  Sin Telón

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